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1433- Cuando la necesidad nos arranca palabras sinceras, cae la máscara y aparece el hombre.
(Lucrecio)
«¿Qué es crear? ¿Es valerse de materiales diferentes y utilizando ciertos principios experimentales, aplicando ciertas reglas conocidas, aproximar, agrupar, asociar, ajustar esos materiales, a fin de hacer cualquier cosa? ¡No! Eso no es crear. Ejemplos: ¿Puede decirse de una cosa que ha sido creada? ¡No! Ha sido construida. ¿Puede decirse de un libro que ha sido creado? ¡No! Ha sido compuesto y luego impreso. Así, tomar materiales existentes y hacer con ellos cosa alguna no es crear. ¿Qué es, pues, crear? Crear... la verdad que me encuentro indeciso para poder explicar lo inexplicable, definir lo indefinible. Procuraré, sin embargo, hacerme comprender. Crear es obtener algo de la nada; es formar lo existente de lo inexistente. Por tanto, yo imagino que no encontrarán ni una sola persona dotada de mediana razón que conciba cómo con nada puede hacerse alguna cosa. Supongamos un matemático. Busquen el calculador de más mérito: pónganlo delante de una pizarra; pídanle que trace ceros y más ceros, y una vez terminada la operación, ya puede multiplicar cuanto quiera, dividir hasta que se canse, realizar toda clase de operaciones matemáticas, y no llegará jamás a extraer de esa acumulación de ceros una sola unidad. Con nada, nada puede hacerse; de nada, no puede obtenerse nada, y el famoso aforismo de Lucrecio “ex nihilo nihil”, resulta una certeza y una evidencia manifiestas. El gesto creador es un gesto imposible de admitir, es un absurdo.»
Sébastien Faure: Doce pruebas de la inexistencia de Dios. Ediciones Godot, págs. 51-52. Buenos Aires, 2008
TGO
@bocadosdefilosofia
@dias-de-la-ira-1
Peligros del amor Esto es Venus para nosotros; de aquí Amor tomó su nombre; así Venus* empieza a destilar en nuestro corazón aquella gota de dulzura, a la que sigue el cuidado glacial. Pues aunque el ser amado esté ausente, a mano están sus imágenes, y su dulce nombre resuena en nuestros oídos. Pero conviene huir de tales imágenes, evitar lo que da pábulo al amor y volver la mente a otras ideas: descargar el humor acumulado contra un cuerpo cualquiera, antes que retenerlo y guardarlo para un único amor, y procurarse así cuitas e inevitable dolor. Pues la llaga se aviva y se hace crónica si la alimentas, y la locura se acrecienta de día a día y se agrava la pena, si no borras la primera herida con nuevos golpes y no la curas de antemano, mientras es reciente, con el trato de Venus vagabunda, o no puedes desviar tu espíritu hacia otros objetos. * Venus, en su sentido originario de 《goce sexual》. El nombre del amor es Cupido, personificación del deseo amoroso. - Lucrecio, "De Rerum Natura. De la naturaleza” traducción del latín, introducción y notas de Eduard Valentí Fiol. Editorial Acantilado.
- Florephotographe
«Nec sine te quidquam dias in luminis oras.
Exoritur, neque fit laetum, neque amabile quidquam»
(Sin ti nada puede ascender a las gloriosas regiones de la luz; no hay sin ti en el mundo ni alegría ni amabilidad)
— Lucrecio

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Como tiemblan los niños y lo temen todo en la ciega oscuridad, así nosotros en la luz tememos a veces lo que no es más temible, que lo que los niños en la oscuridad contemplan con terror
LUCRECIO, De la naturaleza de las cosas (ca. 60 a. C.)
¿Por qué no salir de esta vida como sale de un banquete el convidado: harto?
Lucrecio
Lucrecio y la peste ateniense
Mi capacidad para procesar textos nuevos sigue siendo bajísima, pero todavía no olvidé lo que leí. Es famosa la descripción de la peste ateniense del 430 AC con la que cierra el De rerum natura de Lucrecio. Termina con la descripción de la desaparición de los ritos fúnebres, las pilas de cadáveres y de las peleas causadas por la pobreza.
Releí la descripción entera unos minutos antes del mensaje presidencial, a ver si había algo más que eso. La descripción de los cuerpos putrefactos y los síntomas, a fin de cuentas, no aporta demasiado al presente, en donde (por suerte) nada de lo que pasa llega directo a nuestros sentidos, y lo que tenemos son números y curvas más o menos aplanadas.
Lucrecio describe el origen de las epidemias remitiéndolas, como siempre, a los átomos (cito según la traducción de Castillo Bejarano):
Ahora, cuál es la causa de las enfermedades o de dónde surgiendo de pronto la fuerza de la enfermedad puede provocarles mortífero estrago a la especie de los hombres y a los rebaños de ganados, voy a explicarlo. En primer lugar, he mostrado más arriba que hay semillas de muchas cosas que son esenciales para la vida, y es forzoso por otro lado que revoloteen muchas que causan enfermedad y muerte. Cuando éstas acaso se han levando por azar y han perturbado el cielo, se vuelve malsano el aire (VI, v.1090 y ss.)
No está mal lo de las semillas de la muerte revoloteando por ahí de la misma forma azarosa que caracteriza todo el movimiento del universo según Lucrecio. Me llamó más la atención, sin embargo, lo que dice más adelante sobre la incapacidad de la medicina para atender la peste ateniense:
Y no había descanso alguno del mal: extenuados yacían los cuerpos. Musitaba en callado temor la medicina, sin duda porque luces abiertas de ojos férvidas por los malestares se volvían tantas veces hacia ella privadas de sueño (vv.1178 y ss.)
Sin duda lo más interesante es la personificación de la medicina (mussabat tacito medicina timore) siendo observada por ojos enfebrecidos e insomnes. La traducción de Socas lo simplifica aludiendo directamente a los médicos: “musitaban los médicos con temor silencioso, sobre todo cuando tantos ojos entonces se revolvían abiertos, ardiendo en sus cuencas (...)”. Hay otras diferencias, como la traducción de lumina por “luces” en Castillo Bejarano mientras que para Socas es el ardor flamígero de las miradas.
Es un pasaje difícil. Me interesaba, en todo caso, el tema de los ojos buscando desesperados un lugar donde fijarse.