'Estudio de una ramita de un árbol de mirto' por John Ruskin

blake kathryn
d e v o n
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Cosimo Galluzzi
Sade Olutola
let's talk about Bridgerton tea, my ask is open

Kaledo Art

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NASA

⁂
wallacepolsom

❣ Chile in a Photography ❣

★
Jules of Nature
occasionally subtle
trying on a metaphor
EXPECTATIONS
Noah Kahan

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@cosechadehuellas
'Estudio de una ramita de un árbol de mirto' por John Ruskin

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Vemos y oímos mejor -en el sentido de que vemos más completa e interesantemente- cuanto más amplia e informada sea la inteligencia que hay por detrás de nuestro ver y oír. Por eso dijo Blake con toda razón: "Un necio y un sabio no ven el mismo árbol"
[...] Un poeta que sepa lo que son las coordenadas de Gauss tiene más probabilidad de escribir un buen soneto de amor que un poeta que no lo sepa. Un poeta que se ha tomado el trabajo de interesarse por una abstrusión matemática tiene en sí el instinto de la curiosidad intelectual, y quien tiene en sí el instinto de la curiosidad intelectual ha de haber recogido, en el curso de su experiencia de la vida, pormenores del amor y del sentimiento superiores a los que podría haber recogido aquél que no es capaz de interesarse más que por el curso normal de la vida que le afecta: el pesebre del oficio y la reata de la sumisión. Uno está más vivo que el otro, al menos como poeta; de ahí la relación sutil entre coordenadas de Gauss y la Amarilis de turno.
- Fernando Pessoa, Escritos sobre arte y literatura. Alianza editorial. Traducción de Ángel Crespo
- Piet Mondrian.
SAM HASKINS (1929–2009)
November girl reading in bed, 1966
Bas Jan Ader
"Untitled (Tea party)", 1972.
20.000 Leguas de viaje submarino
Como un hilo o aguja que casi no se siente
como un débil cristal herido por el fuego
como un lago en que ahora es dulce sumergirse
oh esta paz que de pronto cruza mis dientes
este abrazo de las profundidades
luz lejana que me llega a través de la inmensa lonja de
la catedral desierta
quién pudiera quebrar estos barrotes como espigas
dejadme descansar en este silencioso rostro que nada
exige
dejadme esperar el iceberg que cruza callado el mar sin
luna
dejad que mi beso resbale sobre su cuerpo helado
cuando alcance la orilla en que sólo la espera es posible
oh dejadme besar este humo que se deshace
este mundo que me acoge sin preguntarme nada este
mundo de titíes disecados
morir en brazos de la niebla
morir sí, aquí, donde todo es nieve o silencio
que mi pecho ardiente expire tras de un beso a lo que
es sólo aire
más allá el viento es una guitarra poderosa pero él no
nos llama
dejadme entonces besar este astro apagado traspasar el
espejo y llegar así adonde ni siquiera el suspiro es
posible
donde sólo unos labios inmóviles
ya no dicen o sueñan
y recorrer así este inmenso Museo de Cera deteniéndome
por ejemplo en las plumas recién nacidas
o en el instante en que la luz deslumbra a la crisálida
y algo más tarde la luna y los susurros
y examinar después los labios que fulgen
cuando dos cuerpos se unen formando una estrella
y cerrar por fin los ojos cuando la mariposa próxima a
caer sobre la
tierra sorda quiere en vano volver sus alas hacia lo verde
que ahora la desconoce
Leopoldo María Panero

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Marie-Agnès Gillot
Jesse Draxler y Jen Whitaker
Gert Kreutschmann
ca. 1970
Jesse Lenz
The Seraphim

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Fleur Jaeggy e Ingeborg Bachmann fueron grandes amigas desde comienzos de los años sesenta hasta la muerte de Bachmann en 1973. Jaeggy ha explicitado que su escritura fue ostensiblemente influenciada por la prosa de Bachmann.
El dolor, la ralentización de la vida, hacen que el tiempo parezca demasiado largo; pero los años se van siempre con la misma rapidez. Paso días enteros observando la naturaleza, el gradual serenarse de la naturaleza: en esos momentos, todas mis ideas se tornan vagas, indecisas, la tristeza salvaje se posa en mis ojos sin cansarlos y mis miradas yerran sobre las piedras que me rodean; cada lugar es un amigo que veo nuevamente con placer. Lugares que no conozco se convierten para mí en una suerte de propiedades; hay uno, allá arriba, en lo alto del acantilado, donde las jorobas calcáreas decrecen ceremoniosas y letárgicas hacia el agua; y casi me parece que una oscura reminiscencia me dice que viví allí en lo alto, o en el agua, en tiempos lejanos, cuya huella exacta se me ha borrado. —Fleur Jaeggy, Las estatuas de agua. Traducción de María Ángeles Cabré. Novela dedicada a Ingeborg Bachmann.
Leopoldo Pomès, 'Barcelona beach,' 1959.
El 15 de septiembre de 1822, poco antes del alba, una gran tormenta descargó un rayo sobre la aguja de la catedral de Ruan. Atónitos al principio, los ruaneses se prestaron luego a mover cubos de a…
Elizabeth Bishop. Foto de Joseph Breitenbach
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Pensar y agradecer [denken, danken] son en nuestra lengua palabras de uno y el mismo origen. Quien se abandona a su sentido se adentra en el ámbito de significación de «recordar» «acordarse», «recuerdo», «recogimiento» [gedenken, eingedenk sein, Andenken, Andacht]. Permítanme manifestarles mi agradecimiento desde aquí.
El paisaje del que vengo —¡por cuántos rodeos! ¿pero hay, verdaderamente, un rodeo?—, el paisaje del que vengo debería ser desconocido para la mayoría de ustedes. Se trata del paisaje donde tuvo su hogar una parte nada insignificante de esos cuentos jasídicos que Martin Buber volvió a contarnos a todos en alemán. Era, si se me permite completar este esbozo topográfico con algo que, desde muy lejos, viene ahora a presentarse ante mis ojos, era un territorio donde vivían hombres y libros. Allí, en esa antigua provincia de la monarquía de los Habsburgo ya caída de la historia, me llegó por primera vez el nombre de Rudolf Schröder: con la lectura de la «Oda a la granada» de Rudolf Borchardt. Y allí adquirió Bremen su fisionomía para mí: en la forma de las publicaciones de la prensa de Bremen.
Pero Bremen, aproximada por los libros y los nombres de quienes escribían y editaban los libros, guardaba esa sonoridad de lo inaccesible.
Lo accesible, suficientemente distante, el lugar al que se podía acceder se llamaba Viena. Ustedes saben perfectamente en qué consistió también, durante años, esa accesibilidad.
Accesible, próxima y no perdida quedaba, en medio de todo lo perdido, una sola cosa: la lengua.
Ella, la lengua, no estaba perdida, no, a pesar de todo. Pero debía atravesar aún su propia falta de respuestas, atravesar un terrible enmudecimiento, atravesar las tinieblas mil veces espesas de un discurso homicida. Atravesó y no encontró palabras para lo que sucedía; pero atravesó y pudo volver al día «enriquecida» por todo ello.
En esa lengua, durante aquellos años y los años siguientes, he tratado de escribir poemas: para hablar, para orientarme, para saber dónde me encontraba y a dónde quería dirigirme, para proyectarme en una realidad.
Todo era, como pueden verlo, acontecimiento, movimiento, marcha: era la tentativa de hallar una dirección. Y cuando interrogo su sentido, me creo obligado a decirme que, en esa pregunta, entra a contar también la pregunta por el sentido de las agujas del reloj.
Porque el poema no es intemporal. Plantea, ciertamente, una exigencia de infinito, busca abrirse paso a través del tiempo —a través, no por encima de él.
El poema, dado que efectivamente es una forma de aparición de la lengua, y por tanto de esencia dialógica, puede ser una botella al mar, abandonada a la creencia —no siempre muy esperanzada, por cierto— de que algún día y en alguna parte, pueda ser recogida en una playa, en la playa del corazón tal vez. Los poemas, en este sentido, también están en camino: se dirigen a algo.
¿Hacia qué? Hacia algo abierto, vacante, hacia un tú invocable tal vez, hacia una realidad invocable.
De tales realidades, pienso, se ocupa el poema.
Y creo asimismo que vías de reflexión como éstas no sólo marcan mis esfuerzos, sino también los de otros líricos de la generación más joven. Son los esfuerzos de quien, sobrepasado por las estrellas, que son obra de los hombres, y expuesto en un sentido antes no previsto y por tanto libre del modo más siniestro, va con todo su ser hacia la lengua, herido de realidad y buscando realidad.
_ Paul Celan. Discurso de Bremen, 26 de enero de 1958
Traducción de Ricardo Ibarlucía. Diario de poesía, 1996

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Consuelo With Pine Branch, Paradise Cove, 1984
Herb Ritts.
Giulia Vanelli. “The Season”. Toscana, 2024