SOBRE Los 2000. ¿Estás preparada para ser feliz? 💗 Fernanda Laguna
«En este libro se reúnen las obras que Fernanda Laguna produjo entre el 2000 y el 2002. Son los años de la crisis, los años en que Fernanda escribe un diario íntimo donde también la afectividad está en crisis, y sus páginas están incluidas en el libro. La publicación coincide con una muestra en Nora Fisch, curada por Santiago Villanueva, donde las obras se dividen en tres salas que reconstruyen, por un lado, el estado psíquico de la artista en aquellos días y, por el otro, el momento en que surge el espacio Belleza y Felicidad, además de la relación de la artista con la música pop.
El libro se presentó en la terraza de la galería durante la tardecita del miércoles después de las elecciones presidenciales. Algunas personas se acercaron al micrófono para contar cómo se sentían frente a los resultados. Las preguntas que se le puede hacer a la obra de Fernanda para pensar el 2001 se hicieron también para pensar la actualidad: ¿cuál es la relación entre la crisis social y la crisis personal? ¿Cómo se expresa una época en la subjetividad y el cuerpo de las personas?
En el prólogo, Juan Laxagueborde cuenta una anécdota buenísima en la que un crítico de arte alemán entra al local de Belleza y Felicidad, mira las obras de Fernanda en las paredes, y dice: “¡Qué barbaridad! ¿Cómo no retratan la crisis?”. “La crisis soy yo”, le dice Fernanda, “la crisis está en que no tengo un mango y lo que hago lo hago así porque estamos en crisis”, tratando de aprovechar la escasez, como dijo Juan, haciendo lo que se puede con lo que se tiene.
Mi depresión no sé si es mía, o si es simple depresión de otros… veo toda la gente triste, con granos. Veo la gente y me imagino problemas y problemas… igual a los niños los veo bien, porque ellos no quieren ser alguien. Cosas así escribe Fernanda en su diario mientras se pregunta de dónde proviene su dolor. La chica de esos diarios es como el Facundo de Sarmiento: una Facunda que cabalga un caballo blanco hecho de cartón y pedacitos de vidrio, pero no para decirnos lo feas y malas que somos, sino para tratar de espejar la tristeza y las ganas irrefrenables de seguir adelante que hay en el cuerpo de la sociedad argentina, o en algunas de sus piernas y brazos, si es que semejante Frankenstein existe.
¿Qué margen de maniobra queda cuando el afuera desborda? Ingeniárselas para vivir con lo mínimo, vivir en una ciudad pequeña dentro de la gran ciudad, escribir afirmaciones como rezos, abrir las puertas a la calle de los lugares que nos queden, ser alguien más entre la gente. Suenan como técnicas de supervivencia, pero quizás la idea no es sobrevivir. Quizás la idea, frente a las condiciones actuales, es encontrar la mejor vida posible en los fragmentos de lo cotidiano: una vida llena de experiencias que como resto dejen cosas que puedan llamarse obras, y venderse o colgarse en las paredes. Pero lo más lindo es lo que viene antes, o lo que está alrededor de esas obras. Lo más lindo, como dijo Fernanda en la presentación, es la sensación vivida.
Y algo vive todavía en esas obras porque contagian una vitalidad que es muy de Fernanda, un estilo que Fernanda construyó para inventarse a sí misma, y para (auto)transformarse a través de sus nombres. El amor y el amor, la alegría y la alegría, las estrellas y el sol: la posibilidad de conectarse con los pliegues más luminosos del mundo. Y de construir paredes con pequeños ladrillos para evitar que nos inunde lo peor. Si una obra que hacés te da una sensación linda, entonces algo de tu interioridad se convierte en afuera, y el adentro deja de ser espejo de un mundo triste, y la crisis deja de ser mera crisis porque se le opone una forma distinta de vida.»
Fran Bariffi sobre Los 2000 en Segunda época N°9, diciembre de 2023.














