Buscando la motivación
Hace unos años solía ser una corredora bastante constante. Durante mucho tiempo estuve corriendo tres veces por semana. A veces cinco kilómetros, otras veces más, hasta mi primera carrera en 2015.
Poco después me apunté al club de atletismo de mi ciudad y estuve entrenando con ellos durante un año. Fue lo mejor que me pudo pasar deportivamente hablando. Mejoré muchísimo. Pasé de correr 10K en una hora y 10 minutos (parando a mitad), a hacerlo en 55 en la misma prueba al año siguiente.
Pero poco más tarde, ese mismo año, me mudé de ciudad y todo cambió. Dejé de entrenar y me abandoné físicamente. Estuve casi dos años sin dar una zancada. Cuando volví de nuevo a mi ciudad, regresé a mi querido club de atletismo, pero seguía sin encontrar la motivación que me faltaba. A veces, el horario, el clima, la pereza... Todo era buscar una excusa para no salir a correr.
Y justo cuando pensaba de 2020 iba a ser mi año —estaba entrenando para dos medias maratones y ya era capaz de correr más de 10K de manera constante—, ¡pum! PANDEMIA.
Durante el confinamiento estuve desgastando el pasillo algunos días, pero aquello era un horror. El primer día que se nos permitió salir a hacer deporte, empecé de nuevo. El caso es que casi que encontraba agradable levantarme a las 6 para salir a correr, y poco a poco, aunque menos de lo que me hubiera gustado, empecé a ser un poco más constante. Incluso corrí una carrera virtual a finales de julio.
Y llegó el verano. El verano en mi trabajo es el horror, y septiembre más aún. Hay mucho estrés, muchas horas de desgaste físico y mental, así que decidí aparcar el running hasta finales de mes. Pero estamos en la última semana y todavía no me atrevo a salir a correr. Y mira que tengo un lugar genial cerca de casa, pero entre la mascarilla (porque voy a intentar correr con ella puesta) y el calor, y no se qué... Pues no.
Así que miro el Apple Watch, que me dice ¿Vas a correr hoy? Y pienso: “me encantaría, pero va a ser que no”.
Entro en Instagram y veo a todos esos corredores y corredoras felices a los que sigo y pienso: “Ésta podría ser yo”, pero tampoco lo soy. Busco frases motivadoras en Pinterest, leo tres o cuatro y levanto una ceja con escepticismo. Las frases motivacionales son mi género literario más denostado. Busco en Google planes de entrenamiento para volver a correr y digo: mañana empiezo. Me compro la Runner’s World y la CORREDOR/. Las leo de cabo a rabo en el sofá y de ahí no me muevo. Hasta me he desinstalado el Strava del móvil.
No sé qué me hace falta para querer salir a la calle a hacer ejercicio, ¿que haga algo de frío? ¿No tener jornadas laborales tan largas?













