Zeke Matheson y Nea Lindstrom — ida y vuelta con sabor a escándalo
Apuesto a que se preguntaban qué estaba haciendo Gossip Witch tan despierta. La verdad es que nunca me dormí. ¿Para qué perder tiempo soñando cuando la vida despierta se pone así de entretenida?
Porque si algo puede decirse hoy con absoluta claridad es esto: se acabaron las especulaciones, la ciudad hizo lo que hace siempre, llenar el vacío con teorías, adornar el silencio con excusas, inventar versiones “más decentes” para no admitir lo obvio, pero ya no hay espacio para la negación.
Nea Lindstrom y Ezekiel Matheson se fueron juntos.
Y ahora, por si a alguien todavía le quedaba valor para decir “no creo”: ya volvieron, si queridos, se les vio en la ciudad.
Dos siluetas que no pasan desapercibidas, no por dramatismo, sino por peso, cuando un Matheson aparece, la gente endereza la espalda, aunque no quiera, cuando Lindstrom aparece, el aire se vuelve más denso, como si la ciudad recordara de golpe todo lo que quiso olvidar y lo hicieron juntos, como si el escándalo fuera un accesorio inevitable: incómodo, pero perfectamente combinable.
Hay algo casi insolente en la manera en que regresaron, no hubo anuncio, no hubo disculpa y no hubo intento real de borrar huellas, ese tipo de regreso no se siente como vuelvo porque puedo, se siente como vuelvo porque me da la gana, y en una ciudad que vive de la reputación, el me da la gana suele costar caro…
Ahora, no me malinterpreten, lo más jugoso de todo esto no es solo la ida.
Porque Nea no era una hoja suelta que el viento se llevó, Nea tenía contexto, Nea tenía una historia reciente que no se borra con un viaje y cinco meses de silencio y sobre todo, Nea tenía algo que convierte un regreso en una amenaza: Adrian Blackwood.
Y aquí es donde el cuento se vuelve más filoso, porque no estamos hablando de un romance cualquiera que se enfría y ya, Adrián no se caracteriza por tragarse el orgullo como si fuera jarabe, seamos sinceros, no es precisamente conocido por reaccionar con ternura cuando el mundo le juega en la cara.
Así que sí, Nea volvió, la pregunta ya no es ¿dónde estaba? ni ¿con quién se fue? porque eso ya lo entendió hasta el último elfo doméstico con radio encendida, la pregunta que ahora late debajo de todo, como un hechizo a punto de estallar, es:
¿Qué va a hacer Adrian Blackwood cuando se entere, o acepte, que su novia en fuga volvió… y volvió tomada al brazo del Alto Comisionado?
Porque Londres mágico es así, no quiere paz, quiere respuesta, quiere espectáculo, quiere la escena que confirme lo que ya sospecha y en este juego, las escenas no se improvisan, se provocan.
¿Qué sigue?
No lo sé, pero si yo fuera ustedes… no me despegaría del mapa.