¿Dónde meter el arte en el mundo? (borrador)
Este ensayo es producto de mi propio dilema existencial que se ha mezclado afortunadamente con algunas cuestiones filosóficas y sociales respecto a la cultura. Me gustarÃa saber qué haré de las cosas que he escrito y escribiré en lo que resta de mi vida. Claro, no puedo dar respuestas universales, pero sà bosquejar algunos puntos importantes para darle orden a mi propio caos en este asunto.
Nadie ha podido definir con una fórmula exitosa qué es el arte como con el concepto de zapato, por ejemplo. Quizá porque todas las palabras son categorÃas rÃgidas para lo que yo atribuirÃa a la superficie del rÃo cuyo significado ya descifraba Heráclito como tiempo, vida; eternidad, presente o realidad.
Sin embargo, la manera en que se imitan, reflejan o reproducen ahà las cosas es infinita para nuestra capacidad de comprensión y creación. Entonces sólo estamos hechos de lo que nos rodea y en la medida que le damos un sentido. Y nuestra idea de arte no es la excepción. Asà que la pregunta que debemos resolver es ¿qué propósito y valor le hemos otorgado al este?
Desde mi perspectiva: el arte sirve para expresar y el arte sirve para conectar. Aquà hay una contradicción en el sentido práctico, aunque no lo parezca. «Expresar» hay que entenderlo como el anhelo de catarsis del artista, y «conectar» como una búsqueda de comprensión con el otro. «Expresar» para «conectar». El dilema, ya cliché, de la lucha del deseo entre mostrarse y esconderse a través de la creación.
Empero la verdadera contrariedad no reside ahÃ, es que al intentar que funcione la fórmula surgen más problemas, y es que, ¿cómo encontrar equilibrio si al mismo tiempo existen la muerte y la fama?
Hay que plantearse la condición de ser mortal y estar sometido. Creo que ser artista no puede ser luchar por convertirse en la excepción. Hablo por mà que no soy millonario, ni de familia poderosa o influyente, no vivo en Europa o Estados Unidos o en una capital cultural, que no soy blanco, no soy hombre y ni siquiera soy heterx. Â
Soy nadie; de los nadies que se pudrirán en fosas comunes con la belleza adentro. Y duele porque en el fondo creamos para trascender aunque sea un poco. Asà que necesito otro mundo menos injusto con mi arte. De hecho, aunque sà fuera alguien o mis circunstancias fueran más afortunadas, un compromiso real con la creación necesariamente implica reconocer mi lugar en la sociedad y la historia.
Es decir, aunque pudiera pasar la vida promocionando mi trabajo obedecerÃa a los recursos que ciertos privilegios o falta de ellos me dan para posicionarme, y evidentemente gastar esfuerzo y medios, es una distracción para realizar lo que anhelo y necesito. ¿No me sentirÃa completamente insatisfecha y farsante creando un performance de mi yo artista en vez de dedicarme a hacer arte?
Asimismo, aunque pudiera pasarme la vida creando lo mejor que pueda; es mentira que los genios no se nutren de su época y de su comunidad en alguna medida. ¿Y realmente serÃa feliz si no compartiera lo que hago? Mi sueño dependerÃa de lo que exista detrás de mi muerte: olvido o éxito.
Asà que si acaso quiero disfrutar de mi arte no puedo esperar a fallecer para triunfar. Quizá haya quién sÃ, pero yo no soy Kafka. Entonces necesito hallar el equilibrio entre relacionarme con los demás como artista y crear arte. Sin embargo, la relación con las cosas no es tan simple. Interactuar con los otros significa tener un lugar en la sociedad. ¿Dónde cabemos los artistas hoy?
A partir de aquà empezaré a hablar de las posibilidades (con sus pros y contras) de un escritorx clasemediarx promedio. Vislumbró tres: la escena undeground, la posibilidad comercial o el camino de la élite académica asociada con lo gubernamental.








