Libros prestados, regalados y robados.
Hola amigos, Dan está de nuevo por acá y una vez más es un placer saludarles.
Sí, ya sé. La semana pasada no hubo reseña, me tocaba a mí. Es que han sucedido muchas cosas, y ya que estamos aquí por qué no contarlas.
Los post para el blog los escribo entre lunes y martes para que me dé tiempo de poder editarlos, para así subirlos el domingo. En esta semana tuve un viaje imprevisto a la ciudad de Caracas, Venezuela el día martes, cosa que complicó que pudiera hacer el post.
Como si esto no fuese suficiente parece que no fui a Caracas, si no a 1974 al estado de Missouri, pues no tenía acceso a internet y mucho menos a una computadora. Eso sin contar que les estoy escribiendo desde otro ordenador. Mi laptop decidió que era el mejor momento para tener un error en el disco duro y comenzar a fallar.
Realmente ha sido más lo que me ha sucedido que lo que no, pero ya estoy aquí y me encuentro delante de otra encrucijada. Tenía planeado traerles una reseña de un libro que amo, pero no tenía el suficiente tiempo como para hacer un buen texto para ese libro, así que decidí sentarme en esta laptop en ruinas y comenzar a escribir.
Hace tres líneas decidí, que como siempre, hablaremos de libros. Pero no de uno en particular. Hablaremos libros prestados, regalados y robados.
Hay personas que podrían donar uno de sus órganos, pero jamás prestar un libro. Yo sí los presto, pero en el camino me he encontrado con individuos que tienes que darles referencias personales para poder hacer un intercambio. Es que el riesgo de prestar un texto es casi total.
Soy extremadamente cuidadoso con mis textos, principalmente porque son míos, los he comprado con mi dinero y una muy buena parte son leídos. He conocido personas que tratan a los libros cuales prostitutas, doblan sus puntas y la portada para “sostenerlo más fácil” o los llenan de comida. Todas y cada una de las cosas que les nombré causan espasmos en mí, eso sin contar que las posibilidades de que tu libro se pierda en el espacio-tiempo es tan alta que llorarías de ver las estadísticas.
Mi pregunta es ¿Qué criterios debería de seguir alguien para poder prestarle un libro? Es la respuesta más difícil que me podría hacer, pues no lo sé. Hasta ahora le presto libros sólo a personas que sé donde viven y que puedo molestar hasta el fin de sus días.
Y si continuamos hablando de criterios en cuanto a los libros, ¿cuáles deberían de ser los indicados para regalarle un libro a alguien? ¿Qué significa regalar un libro? Para mí, en lo personal, regalar un libro representa un acto de fuerza mayor, debemos estar muy seguros de los gustos de la otra persona, de si realmente lo va a leer, del cuidado que le dará. Y bueno, seamos sinceros, a menos de que el libro te lo regale tu madre es una de las mayores propuesta de matrimonio del mundo. Se los digo yo, que la última vez que alguien me regaló un libro fue de King y casi muero.
Ya hemos pensado en libros prestados y regalados, pero qué hay de los que son robados. Por ahí dicen que tienen un goce mayor, y es verdad. El primer libro robado que tuve fue hace poco, y no fue hurtado por mí, sino por una amiga. Lo leí como si fuese el mayor acto de crimen del mundo. Pero en mi reciente viaje a Caracas decidí echar un ojo a la biblioteca de mi hermano a ver qué conseguía y con la esperanza de consumar el acto ilícito. Pues amigos, apenas llegué al estante alumbraron ante mis ojos “Los miserables” se podrán imaginar que aquellos textos abandonaron en un abrir y cerrar de ojos aquella biblioteca y reposan felizmente en la mía en este momento.
Quizá robar un libro no sea lo más indicado, pero si no se disfruta de ciertos placeres de qué se podría tratar la vida.
Amigos, realmente pensé que esta conversación que surgió de la inspiración desesperada de no tener nada para esta semana saldría peor, pero creo que no estuvo tan mal.
Así que los invito a que comprueben con sus propios ojos la experiencia de prestar, regalar y, por qué no, robar algún libro y me cuentan qué tal les fue, puescomo siempre les digo, no tengo el monopolio de la razón y cada quién tiene su percepción episódica de la vida.
De esta manera me despido amigos, hasta un próximo domingo para emprender un nuevo viaje al pretérito literario.