Viajando a la zona maya en auto pt. 10. Acancún y Xuenkal, Yucatán
Desde TizimĂn, nos dirigimos a Kikil, parando brevemente para observar las ruinas coloniales de una iglesia que ahĂ se encuentran y que habĂa visto 3 años antes, cuando iba de camino a YalsihĂłn junto con Eduardo, Julio y Wilberth. En esta ocasiĂłn tomamos un rumbo distinto y llegamos hasta las cercanĂas de un cenote llamado AcancĂşn.Â
AhĂ vimos un montĂculo junto al camino que mostraba restos de muro, asĂ que estacionamos el auto y caminamos un poco para acercarnos.
El sitio fue uno de los más pequeños que vimos, ya que Ăşnicamente pudimos distinguir dos o tres muntĂculos de baja altura. Subimos al principal y vimos lo poco que quedaba del muro en pie. Al regresar al auto, un señor que vivĂa en el terreno donde se encuentra el cenote nos invitĂł a conocerlo, pero, como nuestro camino era aĂşn muy largo, decidimos declinar la invitaciĂłn y dirigirnos al siguiente sitio a visitar.
Tomamos rumbo primero al sur y luego al poniente. DespuĂ©s de poco tiempo nos encontramos frente a la antigua hacienda de Xuenkal, la cual fue construida sobre un enorme sitio maya, yo lo habĂa investigado en reportes y sabĂa de su importancia, aunque nos habĂan dicho que no habĂa nada que ver en los grandes montĂculos.
Al llegar no supimos como aproximarnos al sitio, caminamos hacia la puerta de entrada a la hacienda y vimos pasar a alguien entre los árboles, llamamos su atenciĂłn y vimos que se trataba de un joven que vivĂa en una de las pocas casas que quedaban ahĂ, pues el viejo poblado habĂa sido gradualmente deshabitado.
Le preguntamos sobre el gran montĂculo que se encontraba ahĂ cerca y se ofreciĂł a llevarnos. Cruzamos el ruinoso casco de la hacienda y salimos a los campos circundantes, los cuales parecĂan no haber sido cultivados en mucho tiempo. AhĂ pudimos ver varios edificios prehispánicos completamente destruidos, los cuales yacĂan como montones de piedras a donde quiera que miráramos. Finalmente llegamos a un descampado y pudimos ver la inmensa mole del edificio principal, el cual tenĂa grandes secciones de muro todavĂa visibles.
Subimos por la empinada ladera del gran montĂculo, el ascenso era muy complicado y peligroso por las piedras sueltas que cubrĂan el estrecho sendero; todo el tiempo tenĂamos que sostenernos de los árboles que crecĂan a nuestro camino para no rodar hacia la base.Â
En la cima tuvimos una vista sumamente amplia de la gran llanura del norte de Yucatán, incluso alcanzábamos a ver los campanarios de la iglesia central del poblado más cercano. Ahà nos dimos cuenta que subimos por un costado y no por el frente de la estructura.
Caminamos de regreso al auto y pudimos ver los restos de una pared en otro montĂculo, asĂ como interesantes ruinas de la hacienda henequenera que funcionĂł en el sitio poco más de 100 años antes. Nos despedimos de nuestro guĂa y salimos con suficiente tiempo para completar el plan del dĂa, que era despedir el Ăşltimo dĂa del año en un sitio más, el cual no conocĂa ninguno de los dos.
















