La valentía no es cosa simple, conlleva resiliencia, decisión, aceptación. Ser valiente implica abrazar el dolor, comprender que no debemos rogar por falsos abrazos. Ser valiente supone darle la mano a la pérdida, quedarnos con los instantes de felicidad, con las risas, la complicidad; supone llorar, pero también secar las lágrimas y recomenzar, hacer visible lo invisible. Honrar lo que aprendimos compartiéndolo con el mundo. La valentía se construye a base de tropiezos, de dudas, de miedos. Pero siempre está ahí, en algún lugar escondida, esperando para volver a sonreír, tal como lo hace hasta el día de hoy en el rostro de cada niño.
Valentía
Kelbin Torres













