Te he estado pensando.
Te he estado pensando. Te he estado pensando desde el día que dejamos de hablar. Incluso después de colgar te estuve pensando. No logro olvidarte. No logro deshacerme de tu recuerdo. Cada vez que volteo a cualquier sitio me siento completamente atraído a tu recuerdo. Recuerdos que no me molestan. Son solo recuerdos. Estos me regresan a ti. Me hacen sentir que no te he dejado. Que no te has ido. Que estamos de vuelta. Sin embargo. Te fuiste, nos dejamos y no estas de vuelta. No siento dolor. Creo que no siento nada. Todo es un profundo y negro vació. Es como si mi alma estuviera escaldada y no tuviera noción de sabor o sentir. Pienso que esto se debe a un luto. Porque las separaciones a veces son como la muerte. Matan lo que hubo entre uno y otro. Uno tiene que vivir ese luto. Estoy viviendo ese luto. Un inmenso vació dentro de mí ser. Te he querido decir te amo. Pero como si estuviese muerto no logro decir palabra que llegue a tu mundo. Ese mundo del que yo mismo decidí salir. Decidí morir de tu mundo. Ahora no hay palabras que puedan cruzar ese umbral que divide mi realidad de la tuya. Incluso si las pudiera decir. Las escucharías como susurros. Como el viento cuando pasa sigiloso a tu alrededor. Te he estado pensando tanto. No se sufre al pensarte. Todo lo contrario. Me alegro. Una alegría nostálgica y asfixiante me invade de tu recuerdo. Sé que estás ahí. Donde vivimos tantas realidades. Donde pude besarte tantas veces. Donde exhibía mi afecto. Donde lo bandeaba a campo abierto. Te he estado pensando tanto. Y es que de tanto pensarte se me va todo. Desaparezco. Regreso al luto de lo que fuimos, lo que quisimos, lo que pudimos ser. Me aferro al recuerdo y niego con la cabeza que lo mejor es dejarte ir. Dejarte ir sería lo mejor. Me afirmo. El afirmarlo no me conduce a nada. Porque te sigo pensando. Te recuerdo. Te deseo. Y es así como vivo el luto de estarte pensando. Hoy mi alma y mi corazón visten de negro. Estoy en un funeral a carne viva. Y resulta ser esto peor que un funeral. A un muerto sabes que jamás le podrás hablar. Te resignas. Pero contigo. Lucho diario por hacerlo y no hacerlo. Entonces mejor me resigno y visto el velo de mi luto a nuestro amor. A ese amor que sentí tan real, tan profundo. Ese amor que por más que lucho no puedo olvidar. Está encarnado a mis huesos. Esta ahí cada vez que mi corazón late. Te he estado pensado. No lo dejo de hacer. No sé si pueda hacerlo. Te seguiré pensando supongo. Viviré en este luto hasta que consiga cerrar la herida. Me doy cuenta que el amor a veces es una herida. De esas que tardan en cerrar. Aún al cerrar permanecen. Firmes y eternas como una cicatriz. Te he estado pensando.
C.A.M.C.













