Que lejanos se ven ya esos tiempos en que corríamos por el barrio siendo unos niños que jugaban a crecer, que deseaban ser grandes pensando que para ese entonces, todo se resolvería y tendríamos la libertad de hacer, decir y gastar en lo que se nos viniera en gana.
En cierta forma hay algo de cierto, pero lo real es que estamos tan ocupados trabajando, generando dinero para poder decir, hacer y gastar que no tenemos tiempo de nada.
Crecer fue una trampa en la que todos caímos y ya no hubo vuelta atrás. No nos quedó otra más que fajarnos bien y avanzar.
Solo no olvidemos a nuestro niño interior y de vez en cuando sacarlo a jugar, divertirse, aventurarse, una que otra travesura, chiste, picardía. No perdamos nuestra escencia y aquellos sueños o castillos en el aire que construimos siendo esas almas inocentes y tiernas que hace muchos años dejamos atrás.
Leregi Renga


















