Noam Chomsky. Gente común, poner fin a las guerras; fragmento de entrevista, tercera parte
Ariella Thornhill: Usted menciona a George W. Bush, que ha sido rehabilitado ante la mirada de la élite neoliberal. Bush comenzó como una encarnación de la maldad, llevándonos a dos guerras sin ninguna justificación para iniciarlas. Después se le hizo parecer una especie de lerdo que allanaba el camino a Dick Cheney, que en realidad era quien detentaba el poder detrás del trono. Ahora, Bush se ha convertido en una figura apreciada, algo parecido a un pintor folclórico, que ha hecho amistad con Michelle Obama.
Hemos visto los medios de comunicación narrar cómo Biden arruinó el retiro de Afganistán. Se dice que él no se recuperará, y eso podría dejar sin probabilidades a los Demócratas en elecciones posteriores. Pero Bush se ha librado, al parecer, de cualquier tipo de responsabilidad por el papel que jugó como criminal de guerra. ¿Podría usted hablar sobre cómo y por qué los medios de comunicación blanquean su propia historia reciente?
Noam Chomsky: ¿Qué decir de Henry Kissinger? Ha sido admirado pese a ser uno de los peores criminales de guerra de la historia moderna.
En 1970, Kissinger siguió con lealtad a su amo, Richard Nixon, transmitió órdenes de una naturaleza que no creo que jamás haya aparecido en el registro histórico. Órdenes a la fuerza aérea estadounidense especificaban: “campaña de bombardeos masivos en Camboya… cualquier cosa que vuele contra cualquier cosa que se mueva”.
Intenta encontrar un caso análogo en el registro histórico, entre los nazis, entre quien sea. Y no eran solo palabras, condujo a una campaña de bombardeos verdaderamente horrible. Pasemos a la India. Henry Kissinger apoyó la destrucción pakistaní de Bengala del Este. Un número enorme de personas fueron asesinadas, tal vez un millón o más. Y Kissinger amenazó con castigar a la India si se atrevía a detener la masacre.
¿Cuáles eran las razones? Kissinger había planeado una sesión de fotografía con Mao Zedong en China. Se iban a reunir, se estrecharían las manos y anunciarían una mejoría en sus relaciones, pero Kissinger tenía que atravesar Pakistán para llegar ahí. Y toda esta masacre socavaba su sesión fotográfica.
¿Y qué podemos decir de Chile? Kissinger fue el más importante de los hombres que se encargaron de ejercer una fuerte presión para derrocar el gobierno de Salvador Allende. Lo hizo de dos maneras: una fue violencia directa, un golpe de estado militar; después se dio de una manera velada: “hacer que la economía lance alaridos”, hacer imposible la vida a la población. Finalmente lograron lo que pretendían, y en 1973, instituyeron una dictadura brutal, que incidentalmente, fue el primer 11 de septiembre. Lo que sucedió en 2001 fue el segundo 11 de septiembre.
Ese primer 11 de septiembre fue mucho peor, por donde se vea. Traducido a términos per cápita, sería como si nuestro 11 de septiembre hubiera visto a 300 mil personas ejecutadas junto con otras 500 mil personas torturadas. Un gobierno fue derrocado, una dictadura brutal fue instituida, y el terror, la tortura y los horrores, se hicieron masivos.
Y Estados Unidos lo celebró. Vertió financiación para ayudar a la nueva dictadura. Diversas agencias internacionales que habían retenido fondos a Allende hicieron lo mismo. Los neoliberales, que habían gobernado el mundo durante los últimos 40 años, lo consideraron muy afortunado y procedieron a asesorar al nuevo gobierno.
Friedrich Hayek, el líder moral del neoliberalismo, visitó Chile y declaró que le impresionaba la libertad bajo el régimen de Augusto Pinochet, y afirmó que no había encontrado una sola persona en Chile que no pensara que había más libertad bajo la dictadura de Pinochet que bajo el gobierno de Allende. De alguna manera, no le fue posible escuchar los alaridos de angustia procedentes de la Villa Grimaldi y de otras cámaras de tortura.
Esta fue la reacción al primer 11 de septiembre. Estoy seguro de que hay yihadistas que celebraron el segundo 11 de septiembre. Pensamos que son personas terribles, pero nosotros somos mucho peores. ¿Habló alguien de eso durante el aniversario del 11 de septiembre? El primero fue mucho peor que lo que sucedió en septiembre de 2001.
Si quieres saber qué podemos hacer, podemos comenzar por educarnos a nosotros mismos. Simplemente tomemos esta noción de “guerra perpetua” que es mencionada con frecuencia. Biden puso fin a esas “guerras perpetuas”. ¿Cuándo comenzaron? En 1783, cuando los británicos se retiraron, Habían impedido que los colonialistas invadieran lo que era llamado “Territorio Indio”: las naciones nativas hacia el oriente de las Montañas Apalaches.
Los británicos habían bloqueado esa expansión, y los colonizadores no aceptaban eso; en particular, gente como George Washington, que era un importante especulador de tierras y pretendía desesperadamente exterminar a los nativos, a quienes se comprometió hacer desaparecer. Inmediatamente, los colonizadores llevaron a cabo guerras brutales homicidas contra las Naciones Nativas. Exterminación, dispersión, violación de tratados; es decir, todo horror que puedas imaginar. Sabían lo que estaban haciendo.
La figura líder —el arquitecto intelectual— del Destino Manifiesto, John Quincy Adams, en sus últimos años lamentó el destino de la “raza desaventurada… que nosotros exterminamos con crueldad pérfida e inmisericorde”. Eso fue mucho tiempo después de realizar sus mayores contribuciones al proceso, y antes de que sucediera la peor parte.
Se continuó con la comisión de crímenes en California, donde se perpetraron de forma verdaderamente genocida. Una bien conocida historia diplomática de los Estados Unidos, de la autoría de Thomas Bailey, analiza esto. Él dice que fue defensiva, que después de que los colonizadores obtuvieron su libertad, se dieron a la tarea de “derribar árboles y nativos” y a la expansión territorial. Se apoderaron de la mitad de México en el proceso y despojaron de Hawái a sus nativos.
Estados Unidos ha estado en guerra prácticamente todos los años desde que fue fundado. Y hubo víctimas. ¿Por qué no pedirle cuentas sobre los costos? Nadie lo hará. Solamente parecen importarnos las guerras permanentes cuyos costos nos resultan excesivos.
Se publicó un buen artículo en el número actual de Foreign Affairs. Analiza los muy serios costos de la Guerra en Afganistán para los Estados Unidos. Billones de dólares fueron gastados, pero ¿qué hay sobre las personas que hemos estado exterminando, atacando y destruyendo durante 250 años, desde que el país fue fundado?
Un artículo en el New York Times, de la autoría de un buen hombre, Manuel Moyn, trata sobre cómo Estados Unidos da un giro hacia guerras más humanitarias. Dice que todavía son terribles, pero son más humanitarias que antes, y da un ejemplo: la invasión de Kuwait de George H. W. Bush. Dice que fue mucho más humanitaria que guerras anteriores.
¿Lo fue? Cuando los conscriptos campesinos de Irak se retiraban de Kuwait, el ejército estadounidense usó buldóceres para arrojarlos a zanjas y asfixiarlos, y así se les imposibilitó retirarse. La Fuerza Aérea destruyó totalmente la infraestructura carente de defensa en todo el territorio iraquí. Esta fue, incidentalmente, una guerra que tampoco tenía que llevarse a cabo. Se disponía de muchas opciones para un arreglo diplomático, pero la prensa se rehusó a informar sobre ellas, y el gobierno de los Estados Unidos simplemente las desechó.
Esa guerra pudo haber sido evitada. De hecho, la invasión iraquí a Kuwait no fue tan diferente de la invasión de Estados Unidos a Panamá un par de meses antes. Eso no aparece en la historia. ¿Lo viste en primera plana en el New York Times? No. Quienes lo mencionaron fueron ridiculizados y denunciados como antipatriotas. Nada ha cambiado; mismas instituciones, mismas doctrinas, mismas creencias.
Por supuesto, el mundo es de alguna manera diferente. Una diferencia es la población. En la medida en que en la actualidad las guerras son más humanitarias, y eso es gracias a personas como tú. Proviene de personas con los pies en la tierra. El país se ha vuelto más civilizado, resultado del activismo de los años de la década 1960, y hay mucha evidencia a ese respecto, aunque no se analiza. No es la historia correcta.
Pongamos como ejemplo las guerras en Centroamérica. Atrocidades horribles, cientos de miles de personas asesinadas, torturas, masacres, todo lo que se te pueda ocurrir. Pero hubo crímenes que Estados Unidos no pudo llevar a cabo, no pudo hacer lo que John F. Kennedy hizo en Vietnam del Sur veinte años antes. Lo intentaron, pero no les fue posible. Simplemente, hubo mucha oposición en casa.
Cuando asumió el poder, Ronald Reagan trató de duplicar lo que Kennedy había hecho 20 años antes. La población reaccionó de inmediato, no lo aceptaría más.
Lo que sucedió en Centroamérica fue algo totalmente nuevo en toda la historia del imperialismo. Fue la primera vez en que la población en el país agresor no se limitó a realizar protestas, sino que se trasladó a vivir con las víctimas. Yo visité templos en Mesoamérica, y los habitantes originarios de EEUU sabían más de Centroamérica que los académicos porque habían trabajado ahí.
Nunca había sucedido. Ningún habitante de Francia había ido a vivir en una villa argelina; ningún estadounidense había vivido en una villa vietnamita. No se había dado antes, y eso cambió lo que el gobierno de Estados Unidos podía hacer. Artículos escritos por académicos en diarios profesionales no lo habían conseguido; lo lograron activistas con los pies en la tierra. Ahora también pueden lograr una diferencia; eso es lo que cambia al mundo.
















