(...) Ahora soy costumbre, invadida patria de rutinarias delicias. Al poseerme perdisteis mi belleza anterior y se os han desvanecido los deseos. Mas si me ayudáis a buscar en los armarios las túnicas olvidadas y a rescatar la máscara propicia, si me vuelvo arrogante, ¿os podré convencer? Tan sagaz es la experiencia y tan indestructible su mandato que os sobrepasé largamente. Incluso os instruiría. Y me lo reprocháis. Edad inimitable, donde los dioses habitaban y era la admiración el tributo único que a mis pies esparcíais.
No me pidáis que vuelva, pues la inocencia es irrecuperable.
Triunfo de Artemis sobre Volupta | Ana Rossetti






















