Viajando a la zona maya en auto pt. 13. Ikil y Xcach, Yucatán
Después de salir de Yaxuná y su museo comunitario, salimos por algunas carreteras secundarias y nos dirigimos a uno de los sitios más interesantes que conozco en la zona, al cual Ernesto no había llegando antes, por lo que era una parada obligada: Ikil.
Dejamos el auto junto a un apicultivo y caminamos por un corto sendero entre la selva para encontrarnos con la enorme mole de la estructura principal del lugar. Este edificio seguía tal cual lo había visto 3 años antes en compañía de Julio y Eduardo.
Subimos por la empinada ladera, la cual, según un dibujo que me mostró Julio, tenía tres pisos de habitaciones, aunque casi todos los cuartos han caído. Lo que sigue en pie son las rampas de las 4 escalinatas que se encontraban en cada una de las caras del edificio, las cuales eran atravesadas de lado a lado por bóvedas en los tres niveles.
El ascenso es sumamente peligroso; a pesar de existir árboles dónde sostenerse, las piedras están sueltas y cubiertas de tierra muy resbalosa; arriba pudimos ver lo que queda de las esquinas del templo superior y de la entrada principal y la trasera. La construcción era muy parecida a la del templo de Kukulcán de Chichén Itzá, con tres entradas al frente y una en cada uno de los tres lados restantes, y con un recinto central que en este caso está colapsado o fue rellenado con escombro, en dos de los accesos a esta cámara habían dinteles de piedra con glifos, los cuales se conservan parcialmente. Otra particularidad son las enormes piedras que forman los muros, muy diferentes a las de la famosa Chichén.
Estuvimos un rato en la cima, escuchando voces de personas que estaban en las cercanías pero que nunca vimos. Una vez que empezamos a bajar encontramos un ángulo que no había visto en mi anterior visita: Desde ahí se apreciaban paredes y restos a penas distinguibles de cuartos con sus bóvedas, además de la escalinata volada con una de las bóvedas que la atraviesan y el frente del templo superior; en conjunto me recordaban mucho alguna pintura o dibujo antiguo del Castillo de Chichén Itzá, solo que esta estructura es mucho más detallada y con una altura similar, por lo que a mi parecer fue más espectacular aunque ahora no ha sido excavada.
Una vez abajo, pude ver otra vez que no hay otras estructuras grandes en la cercanía, algo sumamente extraño.
Regresamos al auto y seguimos por algunos kilómetros para buscar los pocos vestigios trabajados en el sitio de Xtohil, donde también había estado con Julio y Eduardo, pero la selva se había comido la estructura con arquitectura visible y no pudimos encontrarla a pesar de estar a 5 metros de la carretera.
Finalmente nos dirigimos a Xcach, otro sitio junto a una carretera, pero que yo no había visitado nunca. Nos estacionamos en una brecha que comenzaba en una curva, un lugar bastante peligroso para detenerse, pero no encontramos otra alternativa. Caminamos algunos metros y fuimos detenidos por una tremenda maleza, por lo que tuvimos que observar un par de estructuras parcialmente excavadas desde una distancia aproximada de 10 metros. Fuera de algunos muros no hay mucho que apreciar, así que nos pareció que no valía la pena hacer un gran esfuerzo para abrir un sendero con los machetes.
Comenzamos el regreso a Valladolid y nos detuvimos a comer en un buffet cercano a Pisté, comimos tanto que comenzamos a sentir bastante sueño, fue difícil manejar el resto del camino porque sentía que se me cerraban los párpados, le pedí a Ernesto que manejara pero su condición era muy parecida a la mía. Lo que nos despertó por momentos fue un autobús que casi nos embiste dentro de alguno de los pueblos que pasamos, alcancé a evitarlo pero la llanta del otro lado rebotó contra la banqueta alta, rayando el rin. También cuando Ernesto estaba manejando por otro poblado, apareció un tipo completamente drogado que veía hacia el cielo y que casi se arroja contra el auto, el espejo retrovisor de mi lado alcanzó a darle un ligero golpe, pues íbamos bastante lento, pero yo creí que la llanta le pasaría por encima del pie, cosa que afortunadamente no pasó. Finalmente llegamos a Valladolid y más tarde cenamos en una pequeña fonda de antojitos.






