Escrito por Joan Lefleur
┊✿┊« our first time like this… » ‣ privado ‣ vendredi, le 8 décembre 2017 ‣ 03:00 a.m. ⌈ 🏰🎆🗼 ⌋ en el château de lefleur. #AutumnEquinoxVeela #MarkSon #Jark #HeirsCouple { 🍁👑 } +18 La noche era joven, y parecía que para muchos de los invitados lo sería. Joan no era ajeno ello, después de todo, recordaba que las celebraciones con su familia solían extenderse hasta la madrugada, donde habían pasado de estar incróspidos a conversar con toda convicción de los más íntimos y reales sucesos de sus vidas. Después de que el sol saliese, riesen como idiotas y cada quien se fuese tambaleante con zapatos en mano hasta sus camas. Había querido esperar como un buen anfitrión, en uno de esos «nos quedamos hasta que el último cliente se vaya» que las ventas nocturnas solían promocionar… sin embargo, a sabiendas de que la fiesta duraría varias noches, prefirió no esforzarse de más, cuando las veelas le aseguraron que ellas podrían hacerse cargo, que podía ir a descansar. Joan les agradeció con mucha vehemencia, pues en verdad deseaba poder ir a descansar… atravesando los adornados jardines y los increíbles escenarios de luz para poder llegar a su hogar: el Petit Trianon. Allí se encontraba la habitación de Joan, aquella que tenía la ventana hacia el templo del amor… ¿Por qué hacía tanto frío aquella noche? Joan sintió que moriría… frunciendo los delgados labios mientras se dirigía a la entrada de la chimenea, preparándola con diligencia. Los Ángeles era bastante más cálido que Francia… y mientras frotaba sus manos frente al fuego, comenzaba a pensar irremediablemente en su vida. Si hace un año, mientras se preparaba para la cena en Hogwarts, le hubiesen dicho cuánto su vida iba a cambiar, ¡probablemente no lo habría creído! Habría pensado que aquellas personas estaban locas; ahora era tan diferente al Joan de entonces… Había tomado con orgullo su ascendencia veela y francesa, se había acercado a Madre al punto de volverse un hijo suyo… no sólo eso, sino un verdadero Lefleur. Había dejado de tener miedo de la oscuridad… estaba comprometido. Cualquiera que les viese cuando recién hicieron aquella promesa, dos meses después de su inicio de noviazgo, probablemente habría dicho que estaban locos… pero habían probado al mundo equivocado. Se sonrió, mientras se llevaba las manos ahora cálidas debajo de las prendas, descansando las palmas en sus costados… las veelas que resguardaban sus aposentos tenían expresas órdenes de sólo dejar ingresar al menor, nadie más. Una vez entrado en calor, Joan pudo dirigirse a su cálida cama, desprendiéndose de las prendas con tranquilidad… habría preferido que alguien más lo hiciese, su alguien más y quizá, estaba pronto a tener aquel sueño como realidad.
{👑🐶} Cuando le dijo a su madre que tendría su propia habitación frente a Joan, no se imaginó que sería así, y le parecía demasiado grande para él sólo, así que después de que comenzase a anochecer y de rechazar la invitación de sus padres a recorrer los alrededores del palacio con ellos, se había dirigido hasta ésta, dejándose caer sobre la cama observando con detalle cada uno de los ornamentos del lugar, era tan reluciente, jamás había estado en un lugar como aquel… y pensar que éste era el hogar de su prometido… Brotó de sus labios una pequeña risita mientras se giraba en la cama hacia un costado tomando el reloj que había dejado en el pequeño mueble a su lado, era madrugada… ¿habría muchas personas fuera? Torció suavemente los labios y se levantó de la cama para poder sentarse, ni siquiera había podido conciliar el sueño. Una vez se levantó de la cama se dirigió hacia la puerta para salir de la habitación y cerrarla tras si, estaba un tanto oscuro, sin embargo no tuvo problema alguno para ver en ésta, había una razón por la que le costaba conciliar el sueño, y es que ya no podía estar durante las noches sin Joan… ¿En qué habitación podría estar?, se había vuelto dependiente de él… le necesitaba para sentirse completo, era mucho más que su “novio” o su “prometido” él era su alma gemela… En cuanto se encontró una veela, no dudó en preguntarle por la habitación del anfitrión, y oh, debía agradecerle tanto, eran cientos de habitaciones… ¿cómo lo hubiese podido encontrar por si sólo?Había algo en aquellos días que le hacía tener una sensación especial ¿nostalgia, tal vez?... pero desconocía el cómo, pero estaba seguro que había algo en esos días fríos que le traían cierto confort. A penas se encontró frente a la habitación por la cual una veela lo había guiado, se debatió entre entrar o tocar... las veelas que estaban a los costados resguardando la habitación parecían incluso invitarlo a pasar… por lo que sin más abrió cuidadosamente e ingresó al cuarto del veela, al verle de espaldas procuró no hacer ruido alguno mientras se acercaba a la cama… —Creo que necesitas ayuda… déjame ayudarte…
{👑🍁} La zona habitacional donde los invitados se quedaban estaba retirada de los aposentos de Joan, prácticamente del otro lado del recinto en el Petit Trianon, por lo que el veela se preguntaba si su prometido tendría problemas para llegar hasta él. En verdad… esperaba que no, pues conforme comenzaba a retirarse las prendas, la piel se le volvía más sensible… ¿habría estado esperando con más ansias que el hombre que amaba «esa» noche? La verdad era que el veela había fantaseado con poder yacer juntos sin inhibiciones… y parecía que aquella fantasía se haría realidad cuando sintió las manos ajenas sobre sí. Cualquiera se habría asustado por aquello, quizá sorprendido: pero Joan no necesitó esperar a la voz de su prometido, «sabía» que era él. Lo sabía tan sólo por sus manos, por su aroma… por él; seguramente si alguien más lo dijese, Joan no daría crédito a esas palabras, pero «sentirlo» era sumamente diferente. Eran almas gemelas, ¿cómo no reconocerle incluso en el más mínimo tacto? —Bueno… queda poco que retirar… pero hay otras cosas en las que puedes ayudarme. —murmuró con una pequeña sonrisa, volviendo el rostro para verle sobre el moteado hombro, con aquellos pequeños puntitos muestra de la tierra en él espolvoreados sobre la pálida tez. Joan quizá jamás lo diría en voz alta… pero estaba alegre de tener cada una de aquellas diminutas pecas, pues eran como un mapa único para su prometido en cada recoveco de su cuerpo. No iba a darle la espalda por mucho tiempo, sin embargo también quería aprovechar la posición del todo: fue por ello que buscó las manos de su prometido, tomándole con suavidad por los dorsos para poder guiarle. Primero las llevó en dirección a su rostro, respirando suavemente sobre los nudillos, dejándole la tierna respiración sobre ellos hasta que sus delgados labios tomaron ese sitio. Comenzó por besarle los dedos despacio, acariciando las yemas con ellos y sintiendo sólo un ligero cosquilleo, uno que creció conforme le guió despacio por su barbilla, deslizándose en una clara línea recta hacia abajo: hasta tocar su manzana y resbalar como gotas de agua tibia hasta el sitio entre sus clavículas. Mientras hacía esto, su cuerpo no se quedaba quieto: su espalda se irguió suavemente, con el cabello castaño sólo ligeramente desarreglado y sus muslos desnudos apenas escondiéndose tímidamente en la ropa de cama—. Dime… ¿tú necesitas ayuda…? —preguntó quedo, dejando que sintiera el vibrar de las palabras y el suave movimiento del respirar en su pecho conforme subía y bajaba debajo de su tacto. ¿Emocionado? Muchísimo. Aquella lentitud le estaba excitando… aunque no negaría que ser empotrado de una no le molestaría en lo absoluto. Era irónico; pero si había alguien ante el que el Líder y Jefe se volvía sumiso era únicamente Elían. Él, quien le salvaba la vida y le tocaba el alma cada día:— Mon amour…
{👑🐶} Una pequeña sonrisa se formó en sus labios al escucharlo, y no hizo más que acercarse un poco más contra él, apoyando un instante la barbilla sobre el hombro de su amado, si era sincero, amaba ver aquellos pequeños puntos sobre su piel, sentía unos ligeros escalofríos... placenteros escalofríos. Dejó que su prometido guiase su mano hacia el frente sintiendo entre sus dedos la piel de su prometido… tan cálida, tan suave… era sin duda perfecto. —¿Sí… cómo cuáles? —Respondió al escuchar a su prometido, era como si hubiese estado esperándole… Sus labios se posaron sobre el hombro del mayor mientras cerraba sus ojos y su cuerpo se acercaba contra el adverso, necesitaba sentirle cerca… necesitaba su calidez… Sus labios recorrieron cada pequeño puntito sobre la piel de su hombro, avanzando lentamente hasta su cuello, le amaba tanto. Sus labios presionaron suavemente sobre su piel hasta finalmente llegar al lóbulo de su oreja atrapando ésta entre los labios para después sonreír contra ésta. En cuando sintió los labios del mayor sobre sus dedos, acarició estos de la misma forma para finalmente hundir el índice contra la boca del mayor antes de que éste guiase su mano hasta su barbilla, dejando aquel rastro húmedo sobre su piel. —Sí, mi amor… necesito tu ayuda… —Dijo en un murmullo contra la oreja del mayor sin poder ocultar la pequeña sonrisa de sus labios para después dejar un sutil mordida sobre el borde de ésta y tirar de ella suavemente. Sentirle tan cerca terminaría por volverle loco, y el calor comenzaba a llenar la habitación, sabía que no era el único que se sentía de esa forma, la manera en que el cuerpo de su prometido reaccionaba al sentir sus manos le encantaba. Su diestra finalmente descendió aún más de la guía de su prometido hasta esconderse entre sus piernas, acariciando toda aquella piel expuesta a su paso. —любовь моя. (lyubov moya)* —Murmuró en ruso contra la oreja de su prometido, en una voz ronca ante la excitación de tenerle de esa forma contra su cuerpo… sabía que el veela entendería sus palabras, ya que para las acciones de su cuerpo el lenguaje no era un limitante. __________________________________________________________ *mi amor
{👑🍁} Sentir el cuerpo de su prometido tan cerca suyo, incluso de espaldas, le hacía sentir apremio; era una sensación cargada de fuerza y pasión, una urgencia tan natural como la impaciencia por comer después de un día en ayunas o el dulce trago de agua fresca que aplacaba una tremenda sed. Pero, en este caso, el sosiego que le traía el tacto ajeno no apagaba el calor que le hacía cosquillas debajo de la piel; era el combustible de ese fuego, y conforme las llamas se aferraban a él, Elían las hacía crecer, las alimentaba y enaltecía, como todos los puros sentimientos dentro de el veela. —Por ejemplo… —comenzó a hablar, sintiendo las palabras temblarle en los labios; conforme su respiración se hacía más acelerada las palabras salían dificultosa y torpemente, aunque parecía ser lo que su prometido buscaba, pues sabía cuánto le gustaba cuando juguetaba con sus pendientes –sí, eso incluía aquellos en sus lóbulos–. Clara demostración de ello fue cómo mostró ligeramente su lengua, empujándola lo suficiente para que la pequeña bola metálica tocase aquel travieso dedo de su prometido—. A… calentarme. —decretó más claro de lo que pensó ser capaz de pronunciar ahora que su respiración era más y más acelerada. Los labios de su prometido habían dejado un sensible y ansioso rastro por la piel de su hombro y en ascenso por su cuello hasta el oído en el que ahora susurraba; el aliento cálido de Elían le estaba dejando física y… evidentemente ansioso, algo de lo que podría darse cuenta ahora que su mano descendía por su cuerpo. Se le escapó entonces un pequeño y agudo sonido; era una mezcla dulce entre exclamación y tierno gemido, quedando abruptamente cortado por la falta de aire en su pecho—. Mon amour… —respondió con aquel acento pesadamente francés, algo que había desarrollado de tanto ir y venir, acomodándose a hablar casi la totalidad del día en francés. Sonaba romántico, aunque claro, a él le había puesto mucho más ansioso el acento ruso de su prometido. Pensó en hablar, ¿pero qué podía decir realmente? En esos momentos sentía que su cuerpo hablaba mucho más de lo que las palabras podían; y en sí, ¿cuándo habían sido las palabras sus aliadas al tratarse de Elían? Siempre quedaban cortas e insulsas. Fue por ello que bajó su propia mano hasta la ajena, sosteniéndole suavemente para apartarle; pero lejos de ser una expresión que hablase de desprecio por el encuentro, no tardó en enlazar sus dedos. Los espacios entre los dedos ajenos, sin duda, eran donde los propios encajaban mucho mejor… lentamente, se volvió sobre sí mismo, sumamente consciente de cada movimiento que llevaba; desde la forma en la que se volvía hasta aquella en la que comenzaba a recostarse. Con sus manos enlazadas, y sin pensar en romper aquello, comenzó a dejar su espalda caer suavemente sobre el acolchado, sin molestarse en mover las sábanas que censuraban partes de su cuerpo; como su sexo, parte de su pecho e incluso el horadado ombligo—. Será… la primera vez que no tendrás que acallarme. —su sonrisa estaba llena de travesura y confidencia; con aquellos fuertes fuegos artificiales, nadie les escucharía… la noche era sólo suya. Fue mirándole con devoción que tiró suavemente de su mano para que fuera con él, como un tierno ruego… estaba tan ansioso, pero también, ese hombre era su alma gemela y… le necesitaba, de tantas formas, de todas y cada una de ellas.










