Era una tarde relajada. Como recién se había dado una ducha, permanecía con el cabello húmedo y una toalla en su cuello, así como solo una vieja camiseta cubriendo la parte superior de su cuello. Podría pasar otro detalle desapercibido, si no fuera que Mario estaba frente a él, en su batería, tocando un poco de las melodías de su banda.
El detalle era que su camiseta no cubría sus lechosas y tersas piernas. De hecho, tenía una intención de travesura, una invitación silente. Apoyaba su rostro sobre sus rodillas que tenía juntas, acunado en sus brazos. Observaba con más intensidad de lo usual a los músculos en los brazos de su “amigo”, los cuales se marcaban con el movimiento de tocar la batería. En el momento en que los ojos azules y la mirada de Herre se cruzaron, Linn sonrió con picardía.
---¿Qué miras? Tú sigue tocando ---murmuró divertido, sacándole la lengua en modo juguetón y bajando una de sus pies para tocar el suelo. Ahora sus brazos y mentón descansaban en una rodilla, la otra quedaba mucho más descubierta para deleite del español.