ARQUITECTURA DEL SOL, BUJALANCE (CÓRDOBA)
Hubo un tiempo en el que el mundo, imperfecto y mutable, estaba hecho de cuatro elementos: tierra, agua, aire y fuego; y el cielo, perfecto y eterno, de éter o quintaesencia. La Tierra estaba rodeada por ocho esferas concéntricas, que albergaban al Sol, la Luna, los planetas, y las estrellas fijas, mientras que en la novena esfera comenzaba el reino de los cielos: la casa de Dios y de los Santos, el lugar al que anhela retornar el alma. Las naves de las iglesias se orientan aquí, como flechas, apuntando con una precisión de décima de grado al lugar exacto del horizonte local por donde sale o se pone el Sol en el día de la onomástica del Santo titular, produciendo en esas fechas bellísimos “milagros de la luz”. En la planta y el alzado de los templos se usa la Divina Proporción de Pacioli, el número de Dios asociado a la quintaesencia, la sustancia sutil que todo lo penetra y que engendra a los cuatro elementos del mundo sensible, la misma quintaesencia capaz de transmutar los metales en oro, o de sublimar el alma. Así, el Templo de la Asunción, orientado al orto solar en su onomástica, es una morada filosofal, un lugar de bendición, donde la oración y la mediación de la Santísima Virgen obrarían el milagro de acercar el alma a Dios.
Los cinco templos
Esos templos son las parroquias de la Asunción y de San Francisco, la ermita de Nuestro Padre Jesús Nazareno, la iglesia de San Juan de Dios, las dos torres en la Línea de San Pablo y la iglesia conventual de las Carmelitas Descalzas.
José María Abril, descubridor de éste hecho, además, descubrió una segunda característica singular: el uso en las proporciones de los edificios y sus emplazamientos relativos del número áureo y la raíz cuadrada de dos. Esto es, los dos números irracionales que se encuentran en los sólidos platónicos y en las teorías de la quintaesencia. Según José María Abril, en esta cosmovisión «la idea de Dios, la astronomía, la física aristotélica y las matemáticas conformaban una teoría del todo».
Las dos torres o la línea de San Pablo.
Las torres de los templos parroquiales de San Francisco y la Asunción son coetáneas (principios del XVII). Dos días al año el orto solar se alinea con las dos torres: el día de la Conversión de San Pablo, y el día de la consagración de las Basílicas de
San Pedro y San Pablo (los dos pilares de la Iglesia). En la misma línea se sitúa la espadaña-campanario de San Juan de Dios (antes del Corpus Christi), guardando las proporciones de la raíz cuadrada de dos , el primer número irracional conocido, y usado con profusión como “marca del arquitecto”.
FUENTES:
http://arquitecturadelsol.blogspot.com.es/
http://sevilla.abc.es/andalucia/cordoba/20150826/sevi-arqueologia-cordoba-201508252056.html












