Antes pensaba que yo era de esas personas que nunca se detienen, que no pierden el tiempo en “pendejadas”.
Después me descubrí mirando arte callejero mientras camino, aunque lleve prisa; deteniéndome a observarlo, a fotografiarlo. Me encontré parando en medio de la calle para contemplar un árbol en flor, un rayo de luz sobre una fachada, el vuelo de un pájaro.
Si estoy disfrutando un café, un desayuno o una comida y el reloj me dice que tengo poco tiempo… ni modo, llegaré tarde. Asumiré las consecuencias, pero no renunciaré al instante.
Y entendí: no es que no tenga tiempo para pendejadas… lo que no tengo es tiempo para pendejos.












