Yo, fiel perito a las grandes escapadas, diplomada en huir y profesora de abandonos, llevé un curso intensivo con unos ojos ámbar y piel brillantina sobre “el amor y quedarse”.
Revolucionaria a mis adeptos y fiel creyente de mis raíces, lo intente abandonar, pero su piel, ruta de galaxias, labios de pertenencia y aroma a hogar, me retuvieron.
“Planeación” fue otro curso, vaya sorpresa la mia pues no fue sobre huidas sino sobre vida, sobre edificaciones, sobre futuros.
Ya aterrorizada y un poco confundida, me llego la invitación a un curso electivo sobre “Destinos” atribuyente yo al hecho de que eran fugaces, ilusa claro, lo tomé.
Ojos ámbar, parada en la puerta, piel brillantina con labios carmesí sabor a pertenencia me esperaban con aroma a hogar y mirada de oportunidad, rochoza al roce de su mano con mi mejilla y piel de gallina con su sexo, no fue más que “destino” un curso, sino un atrevimiento.
Perdida en mapas, caminos y firmas concretaron un nuevo curso, lo deleitaron de “enamoramiento” con cita en cursiva de restricción a personas con problemas cardiovasculares, y yo que tengo taquicardia aun así lo tome.
Invadida ya, por tremendo saqueo a fiel estudio y análisis de huidas, me sentía asfixiada, su manera de hiper-ventilar era con besos saber vainilla y abrazos de sabultamol, y sentía brincos espásmicos de insectos en mi interior.
Convencida de tremenda enfermedad captura en las instalaciones de ojos ámbar, tome la decisión de irme, tomar mi diploma de huida, maestría en abandono y continuar, pero no pude.
Esa enfermedad se llevaba tan bien con mi taquicardia y conjugaba con mis sueño de ser astronauta; hasta que un día dejaron de lloverme los cursos, de enviarme folletos para inscribirme y me llamaron para dar el nuevo diploma.
El día de mi graduación, vi a ojos ámbar al llegar y me sentía extasiada, subí al gran podio para ser una vez mas condecorada, pero me hicieron una pregunta:
-¿ Estas dispuesta a dejar tus diplomas de huida, maestra de abandono y perfil de quién escapa para ser parte del club “el amor”?
¿Qué clase de tetra era esa? No comprendí porque debía dejar mi experiencia de años, por algo que recién conocía y terca a mis principios dude, vi a ojos ámbar tristes al ver mi demora pero no podía…
- “No” - respondí, Y se sintió el silencio más hondo y largo en la sala…
- “Lo siento, no lleve el curso de confianza” - Y me fui.
Dejando un océano en ojos ámbar y un sabor amargo en mis pasos.
Y jamás volví y ella tampoco se quedo ahí…
Y es que aveces la vida es así de rebelde, de fiel creyente en agnosticidades patéticas y excelente en perder oportunidades, filosófica escéptica, castrense como monasterio incluso cobarde.
Y la perdí.