EL FALSO DOCUMENTAL O EL DOCUMENTAL FALSO
LA VERDAD SOBRE EL POLO NORTE (1912)
EL JUEGO DE LA GUERRA (1965)
FRAUDE (1973)
ZELIG (1983)
LA VERDADERA HISTORIA DEL CINE (1995)
BORAT (2006)
A LA MIERDA 2020
Es complicado abordar el estudio de este género cinematográfico alabado por unos y denostado por otros. Creo que casi todos en alguna ocasión hemos asistido, ciertamente embobados, a la visión de algún documental sobre hechos o personajes supuestamente históricos y tan solo al finalizar la película se nos ha comunicado que se trataba de una ficción que escenificaba los hechos o bien que la historia narrada no era verdadera. Pero aquí llega el problema: ¿dónde termina la realidad y donde empieza la ficción?; ¿qué se pretende con el falso documental?; ¿cómo podemos distinguir el falso documental del documental falso?; ¿es comedia o es drama? Nuestro capítulo de hoy va a señalar brevemente los límites de este género sin entrar en profundos y sesudos análisis que pertenecen más a la teoría de la comunicación, que a mí personalmente se me escapan y vamos a presentar aquellos falsos documentales de más interés y calidad de la historia del cine.
Lo primero es puntualizar si el falso documental es un género cinematográfico en sí mismo o se le puede llamar documental de ficción. Algunos lo definen como una obra de ficción, pero con formato de documental, que pretende parodiar algunos hechos o personajes y/o también burlarse del espectador no en un sentido grosero sino haciéndolo participar de la parodia que se desarrolla (los ingleses llaman al falso documental mockumentary que es una mezcla de burlarse de y de documental). Estamos ante un género que utiliza los mecanismos lingüísticos del documental convencional, pero manipulando hechos, imágenes y personajes. Es esencial que el espectador desconozca hasta el final que lo que está viendo es en realidad falso, aunque los hechos y/o personajes a los que se alude puedan ser verdaderos. En el libro Nada es lo que parece, se expresa con claridad la disyuntiva entre realidad y ficción:
“El documental como género, por definición, se basa en imágenes reales para construir una historia en la que se extrae un fragmento de la realidad y se presenta al espectador. La forma en que se ordenan, organizan y estructuran esas imágenes conforman el punto de vista del autor y caracterizan al trabajo documental como un objeto artístico único. En contraposición a la ficción narrativa, el documental se basa en hechos, experiencias o situaciones reales; los protagonistas son personas que existen y sus vivencias ocurren en la realidad, lo cual lo convierte en un género que navega entre el periodismo y el arte. La ficción, sin embargo, construye su relato a partir del imaginario personal del autor; los personajes, las acciones, las situaciones, todo es construido a partir un planteamiento ficticio, no real, en el que la historia evoluciona cuándo y cómo el autor quiere y de la forma que él elige. El falso documental utiliza el formato de realidad que plantea el documental para narrar una ficción. De esta forma, consigue apropiarse de la estética y los códigos formales de la realidad para plantear una propuesta puramente ficticia, en los límites de lo veraz y lo irreal; en definitiva, convierte el trabajo audiovisual en un producto lúdico, en el que el espectador tiene, además, un protagonismo especial”.
Este género tiene sus defensores y detractores obviamente. Los detractores lo acusan de ser una oferta manipuladora hacia los espectadores mientras que los defensores inciden en el efecto crítico de estas obras que muestran efectivamente la manipulación a la que podemos estar sometidos por los medios de comunicación (el famoso programa de televisión de Jordi Évole sobre el 23-F responde a esta situación). Creo que habría que separar claramente si un específico falso documental pertenece a la comedia o al drama y para ello no hay mejor ejemplo que dos documentales españoles de Basilio Martín Patino: OJOS VERDES y CASAS VIEJAS. En Ojos Verdes, Patino realiza en forma de falso documental un homenaje a la copla creando un ficticio marqués (en realidad el flamencólogo Amós Rodríguez Rey) del que se nos cuenta su vida en relación con la historia real de la copla. Aparecen personajes reales y ficticios y la obra se puede catalogar de divertida, entretenida y didáctica en torno a un tema popular pero ajeno a hechos históricos o dramáticos. Sin embargo, en Casas Viejas, Patino nos relata los terribles sucesos acaecidos en Enero de 1933 en ese pueblo gaditano. Nos relata los hechos escenificándolos en función de unas supuestas películas rodadas en los mismos instantes en que suceden los acontecimientos por unos rusos y unos británicos. Los hechos son reales pero las imágenes son falsas. Patino juega en este caso con el espectador haciéndole creer que lo que estamos viendo es real cuando no es así. Personalmente me inclino más por el primer documental realizado en tono de comedia que en este segundo que, por otra parte, es técnicamente magnífico, en el que se nos esquiva el hecho de la falsedad de las imágenes.
¿Cuál fue el primer falso documental? En 1912 el médico norteamericano Frederick Cook presentó un cortometraje sobre su llegada al Polo Norte en 1909, un año antes que Robert Peary a quien se le atribuía esa hazaña. Realmente todo era falso y en algunos libros se le etiqueta como el primer falso documental de la historia, pero en sentido estricto se trata de todo lo contrario: un documental falso pues su autor pretendía engañar a todo el mundo y atribuirse esa hazaña. Básicamente los falsos documentales pueden ser de tres tipos: a) los que pretenden poner en cuestión la verdad de lo que estamos viendo, es el tipo de falso documental crítico; b) los que presentan una parodia de la realidad de unos hechos o personas en concreto; c) la mezcla de ambos tipos.
Para terminar, vamos a revisar cuales son los más destacados falsos documentales de la historia del cine:
THE WAR GAME (EL JUEGO DE LA GUERRA), de Peter Watkins (1965). En plena guerra fría, la BBC encarga una película que por su crudeza no emitió por televisión hasta 20 años después, aunque se estrenó en salas comerciales de cine. La película muestra las consecuencias de un ataque nuclear a la ciudad británica de Rochester. Es un gran documental de una crudeza infinita (recibió el Oscar en su género) pero, mi duda es si estamos ante un falso documental o una película de ciencia ficción (esta es la duda que se nos abre en muchos de los trabajos de este género: ¿es un falso documental o una ficción narrada en forma de documental?). Desde luego es una película que merece la pena su visión, aunque ya no tenga el impacto que acarreó en sus pases por las salas en una época en que prácticamente se desconocía la existencia de los falsos documentales.
F FOR FAKE (FRAUDE), de Orson Welles (1973). Con guion compartido con su pareja de aquellos años Oja Kodar, Welles nos sumerge en el mundo de la falsificación de obras de arte siguiendo al famoso falsificador Elmy de Hory. Mezclando realidad y ficción Welles, experimentado ya en el falso documento radiofónico de 1938 con La guerra de los mundos, realiza una película brillante como todo lo que tocaba este polifacético genio.
ZELIG, de Woody Allen (1983). Una parodia en toda regla: la vida de Leonard Zelig, una persona que adopta la forma física de los que le rodean en cualquier momento. Sin duda una divertida comedia en la que la falsedad queda clara desde el principio.
THIS IS SPINAL TAP, de Rob Reiner (1984). Un falso documental de culto en torno a un inexistente grupo de rock. Una divertida comedia en la que todo es falso.
CIUDADANO BOB ROBERTS, de Tim Robbins (1992). Una parodia política, de nuevo en el mundo de la música en la que un falso cantante de folck se presenta a las elecciones al Senado de los Estados Unidos con fines espurios. Una magnífica incursión de Tim Robbins en la dirección.
LA VERDADERA HISTORIA DEL CINE, de Peter Jackson, (1995). Lo confieso: es mi debilidad en el género, aunque su director no sea especialmente apreciado por mí. La película es tan original y brillante como recomendable (se puede ver en Youtube y no cuento nada más de ella).
CSA: CONFEDERATE STATES OF AMERICA, de Kevon Willmott (2004). Un falso documental en forma de historia virtual que hace la pregunta clásica: ¿qué hubiera pasado sí…? Un relato que produce cierta ansiedad al pensar que las cosas en USA podrían ser mucho más desagradables en temas como el racismo.
BORAT (2006). Aunque la dirección es de Larry Charles se puede decir que todo se debe a Sacha Baron Cohen, el creador del personaje Borat (una especie de Torrente con más acidez social): un periodista de una subdesarrollada Kazajistan que viaja a Estados Unidos. La película es una sátira que se puede tachar a veces de brillante y a veces de chabacana, pero creo que es imprescindible en el género.
BORAT PELICULA FILM SECUELA (2020), en este caso la dirección es de Jason Woliner pero sigue siendo Sacha Baron Cohen el centro y eje la película (ocurre como con los Hermanos Marx: ellos no eran los directores pero quien se atreve a no concederles su autoría). Mucho más ácida y vitriólica que la primera; el actor británico se introduce en el mundo más conservador de los Estados Unidos y en la campaña presidencial de 2019. Aunque no sorprende como la primera es muy recomendable (atención a la secuencia con Giuliani).
DEATH TO 2020 (A LA MIERDA 2020), de Al Campbell y Alice Mathias. Del creador de Black Mirror una película tan cínica como previsible pero que conserva momentos divertidos a pesar del año que trata. Recomendable (actualmente en Netflix).
25/7/2022

















