Admiración… hasta cierto día
Ella lo admiraba a través de sus ventanas virtuales. Anhelaba conocerlo, pero la distancia de kilómetros lo impedía. ¿Eran los kilómetros, o acaso los miedos? ¿Entonces? Solo excusas.
Ella guardaba en su memoria temporales recuerdos, recuerdos vestidos de fantasmas como esperanza. Siempre lo tenía presente, sin importar lo poco que conocía de él.
Algunas veces anhelaba escribirle, recuperar la comunicación. Pero su miedo al rechazo la detuvo. ¿Entonces? Entonces, un día normal, todo cambió.
En sus ventanas digitales aparecieron fotos, las mismas que evidenciaban momentos compartidos con alguien más. Aquel día, las ilusiones, la esperanza, se quedaron en nada.
Ella se dio cuenta de que no necesitaba tener a más personas; todos la habían abandonado, aunque siempre estuvo sola. Comprendió que su esperanza tenía fecha de caducidad. Le dolía el corazón, y algunas gotas de lluvia mojaron su rostro.
Nadie era culpable de nada. El silencio y sus pensamientos son los testigos de aquella romántica novela.
…¿Y ella? Se quedó, como siempre, esperando que alguien la estuviera esperando, así como ella lo había hecho durante años.
Otra vez se había equivocado. Simplemente, un abrazo para los bonitos recuerdos, aquellos que quedaron grabados entre dos desconocidos, sin nunca conocerse.
(Geiral)
Melical










