William Wegman -Â
“Being Human”
https://www.fep-photo.org/exhibitions/william-wegman-being-human/
seen from Canada

seen from Malaysia
seen from United States

seen from Malaysia

seen from Canada

seen from United States

seen from Denmark

seen from United States
seen from Malaysia
seen from China

seen from Netherlands

seen from United States
seen from United States
seen from United States

seen from Canada

seen from United States
seen from Netherlands

seen from Canada
seen from Malaysia

seen from United States
William Wegman -Â
“Being Human”
https://www.fep-photo.org/exhibitions/william-wegman-being-human/

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
Retomando mi blog
“TENGO QUE ESCRIBIR” gritĂ©, literalmente, a las cuatro paredes que me rodean. Las horas me consumen y, a los 19, me siento más vieja. Aunque, a veces, más niña, más nueva: distinta.Â
Creo que es la absurda mezcla de, entre mis temores y timidez, atreverme a más. Creo que es el cansancio al subir las escaleras de mi hospedaje, mĂnimo cuatro veces al dĂa. Creo que son mis intentos de sonreĂrle a cada persona con la que me topo a diario. Creo que es la tensiĂłn del dinero, de que no me quede corta hasta que vuelva a cobrar, de ahorrar, de saber gastar. SĂ; probablemente sean esos los 10 años adicionales que hay en mĂ. Sin embargo, creo que me los puedo quitar de encima cuando me dicen: “TĂş eres una persona bien apasionada”, como un buen amigo me dijo no hace tanto. Claramente ese es mi lado de niña plantando bandera. Â
Mi lado de vieja se asoma cuando me preguntan qué hago para divertirme y solo me viene a la mente decir: “Me gusta escribir e ir a la playa”. Escribir e ir a la playa… 40 años añadidos y una mirada media rara de quien me preguntó. Aunque, hoy subà a la azotea de un edificio de 19 pisos y creo que al menos 30 años de esos que tengo demás, se los llevó el viento.
No hace mucho, en uno de esos dĂas que me toca sentarme a esperar el tren, dos señoras se sentaron a mi lado a hablarme de sus vidas. Sentada a mi derecha, con ojos aguados y cachetes más rojos de lo usual, una de ellas me contaba sobre el hijo que se le va para el army. A mi izquierda, mostrando una emociĂłn opuesta, la otra señora comenzaba a abrir bolsas y a mostrarme lo que le habĂa comprado a su hija en Plaza Las AmĂ©ricas. Escucho y veo, tratando de responderle a ambas. No sĂ© si esto me añade años o los resta, pero no me molesta. Quisiera yo tener la confianza y ser tan abierta como para de la nada comenzar conversaciones, o para retomar las inconclusas. Me faltan agallas y, mientras lo reconozco, saludo a mi lado de niña que se asoma.
TenĂa que escribir por todos esos dĂas en los que la mente corrĂa demasiado rápido y por los que parecĂan ahogarme con sus recordatorios de conformidad, sonando como alarma incontrolable. TenĂa que escribir, tambiĂ©n, por todos esos dĂas en los que me siento completa y por los que me tocan a la puerta llenándome de detalles que son imposibles de olvidar. TenĂa que escribir, siquiera, un poco de todo lo que me rodea, de lo que pienso, de lo que soy. TenĂa que escribir para sentirme más liviana, quĂ© importa de quĂ© si esta página lo aguanta. TenĂa que escribir.
Cristina