Pero yo no creía en coincidencias hasta que apareciste frente a mi -Por favor, hazlo de nuevo- El lugar, el grupo, el día, la persona. Nos conoceríamos de algún modo, eso sé.
Había resuelto comenzar a tomar decisiones ese día por la mañana, por la tarde te escuche existir, por la noche ya se había jodido la cosa.
Y esta yo -Que despertarste- te veía, te buscaba, tenía sed y se desesperaba cada vez más. Empecé a ser valiente, amable, porque la espina blanca que eres no habla mucho, alguien -yo- tenía que hacerlo.
Tal vez desde ahi debí alertarme, conforme entrabas rompías mis bases, mis principios más básicos.
Pero no salgas a joderme con que eres ciego, con que no lo notaste jamás, porque sé que si. Es así.
Siguió el cantaleteo, la broma y esa plática tan a gusto.
Fuiste peligroso desde antes de abrir la boca, antes de la trampa ya me tenías y es que aunque yo misma te hubiera visto colocarla, aunque yo hubiera sabido que era veneno. Comería todo lo que cocinaras para mi.
Amable, gracioso, estético, caballeroso y cabrón. Como siempre me han gustado -Como me gustas tú- Y es que cuando podía irse, esperaba. Me esperaba. Con gestos sutiles, que solo a el le noté y que por más que otros han repetido solo logran recordarme a ti, con esos, lentamente, despacito.
Después descubrimos que, si no eran todos, al menos un camino si podíamos compartir.
Empezamos a caminar juntos.