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Mirador del Cedro by Jörg Bergmann https://flic.kr/p/S9KhiA

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🌼 El Cedro Cacao Brew for a relaxing Saturday 🧘♀️ Spiced with Cinnammon, Cayenne pepper and honey, and decorated with an edible rose petal. Gentle, caring while uplifting and supporting. Love Love Love 🤎🤎🤎🤎🤎🤎 Happy Healing🌟 Kisses,💞 Andi #chocolate #cacao #cacaolove #elcedro #livingstone #iamhealing #iamhappy #imwell #weekend #saturdayvibes (at Dublin, Ireland) https://www.instagram.com/p/CkSiuC6MIne/?igshid=NGJjMDIxMWI=
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Cnqst1-Dia 8: La fiesta de cumpleaños (parte1)
Bueno, en este dia van a pasar algunas cosas. Como escritora/bloggera no sé como arrancar esta entrada porque a partir de acá, algo se va a bifurcar en este blog, al que me doy cuenta que debí haber llamado “Diario de unaS conquistaS” -desafortunadamente no lo hice asique me las tendré que ver con el editor de Tumblr.
Sucede que este dia, se va a dar una fiesta en la finca en donde yo vivo. Va a venir mucha gente y seguramente va a venir el cedro, pienso. Es el cumpleaños de una de las personas que habita la finca, y el invitó a algunes amigues suyos, y basicamente toda persona invitó a gente que quiso invitar. Y yo supongo que el dueño de la finca lo invitó al cedro.
Decido que la noche sea definitoria: voy a hacer algo. Todavia no sé qué. Barajo la posibilidad de en algun momento, copa en mano sumarme a su grupo de charla y tener al fin, una charla adulta pero amable, interesante pero divertida, etcéteras. Fabulo con la idea de que quiza otra posibiñidad se abrá a mas altas horas de la noche, con algo de alcohol endulzándonos el espíritu. Quiza algun baile torpe pueda convertirse en un beso. Quiza el alcohol te desempañe la vista, y me veas ahí, en frente tuyo, disponible y dispuesta. Quizá nos pongamos a hablar de música a partir de laguna cancion que ponga el DJ de turno. Fabulo, fabulo mucho, pero ese día decido empezar por lo primero: la apariencia.
Es verano todavia, es Julio en Europa. Va a hacer calor, y yo voy a poder mostrar mis piernas, en especial con una pollera que por su largo, su color y su forma, me hacen unas piernas lar-gui-si-mas. Es color rosa asalmonado claro, un color precioso. Me la calzo, me calzo un culotte negro por debajo - no se por qué, siempre necesito tener “la zona” apretada/contenida por algo extra, algo que aprieta más allá que la bombacha. -¿Tendré miedo que se me caiga algo?¿Que se me puede caer? Si nada me cuelga. ¿Tendré miedo a que algo se me meta?¿Un bicho? Quiza en breve lleve este tema a terapia: yo usando polleras y mi necesidad de tener “el sector” contenido -. Elijo también una remera de tiras finitas color negra, ajustada. Y unas sandalias medio hipponas, color marrón. Me siento cómoda, muy cómoda y muy linda. Llega el momento de peinarme, y hace algunos dias me mandé la cagada cuarentenial de cortarme el flequillo. Quería uno tupido, con mucho rulo y volumen, entonces no encontré mejor recurso que cortarme el flequillo desde la nuca, mas o menos. Cuestión que ahora tengo mucho pelo en la cara, lo cual era un efecto buscado; pero es dificil de manejar. Entonces, dos dias antes del cumpleaños, me hiervo mis semillas de lino para hacerme un gel modelador natural. Y ese día, me paso como veinte minutos en frente del espejo del baño, intentando domesticar a mis rulos en corte carré. Lo logro: me armo un flequillo muy hipster y canchero, enrulado sobre mi cara, y me ato todo el pelo en una cola alta. Me maquillo los párpados con mucho negro - me gustan mis ojos cuando se enmarcan en negros gruesos, les dan profundidad y enigma-, y un poquito los labios. Rubor no me hace falta: estoy bronceada.
Empieza la noche, y empieza a llegar la gente. Yo prefiero el anonimato en las primeras etapas de una fiesta, entonces, ayudo en la cocina. Un muy amigo es el encargado de hacer las pizzas, entonces, le soy leal, y me quedo en la cocina a ayudarle. Como cocinar no se me da del todo bien, auxilio en todo aquello que se necesita. La dupla al mando de las brasas y la mazas me pone de camarera, y me paso las primeras dos horas de la fiesta subiendo y bajando bandejas de pizza desde la cocina a la terraza. En ese lapso controlo bien y compruebo que el cedro no vendrá o lo hará mas tarde. Lo hace más tarde, y cuando lo veo el corazón me da un brinco. ME decido a saludarlo con la proxima bandeja que suba, y lo hago. Ni bien le paso por al lado, freno, maniobro, y lo saludo con un beso y una sonrisa encantadora - yo también achino los ojos bañanado el ambiente de ternura-. El me devuelvo el saludo con el mismo recurso, y por un segundo creo que se alegró de verme y sumo porotos para mi autoestima encaradora que tendrá que salir al ruedo en breves minutos.
Cnqst1-Día 7: Buscar a tu perro
El cedro nos pidió que fuéramos a buscar a su perro. Sucede que yo vivo en una finca, con mas gente. Y el cedro es amigo del dueño de la finca. El cedro vive en un departamento, y algunos días y semanas, trae a su perro para que se quede con nosotros en el campo, mas libre.
El día 7, el cedro se enteró de que algunas personas de la finca iríamos a la ciudad, entonces era gran ocasión para que lo ahorremos de llevar al perro. Cuestión que todo el camino a la casa del cedro mis amigues de la finca me estuvieron diciendo que baje yo a buscar al perro a la puerta de su casa. Como si un simple contacto, una ocasión de encuentro casual (??) pudiera hacer que se desplieguen mis talentos seductores y vos, cedro, puedas fijarte en mí. La verdad, descreo del buscar momentos como arma de conquista. El mor no se construye a fuerza de momentos coincidentes cual si fueran adoquines que van armando un muro de Berlín. No. El amor/el sexo, acontece o no acontece, como diría Dolina. Y ya venía siendo bastante evidente que con el cedro, la llama, no estaba aconteciéndose.
Llegamos al barrio del cedro, era tarde, como la una de la mañana. Y se ve que el cedro estaba ansioso por irse a dormir, o por levantarse temprano a trabajar, porque antes de que pudiéramos estacionar, el cedro ya estaba mensajeando para decir que nos estaba esperando en tal esquina. Mi pocas chances de generar una intimidad, forzada, en el palier de su edificio estaban dilapidadas por el apuro del galán.
Frenamos con la camioneta en la debida esquina. El cedro se acercó, y desplegó su sonrisa que es amplia y canchera como un loft de 60m2. El cedro achina un poco los ojos cuando sonríe, tiene dientes lindos, y labios anchos. Pero vuelvo, qué lindo que es el cedro cuando achina los ojos y sonríe. Es como si en ese instante Dios rociara el ambiente con un spray de ternura. No se si por esta obnubilación con la sonrisa del cedro, o si porque el intercambio verbal fue magro, que no recuerdo el contenido de ese ping pong. Yo, todo el tiempo intenté mirarlo a los ojos, aunque estaba todo bastante oscuro y dudo de la eficacia de está antigua técnica de seducción. Seguramente inetnté meter algun bocado de esos graciosos que tan bien y natural me salen, pero que después tanto me reprocho usar. No recuerdo bien las palabras que se dijeron en ese diálogo. Quiza porque nada fue memorable y sólo intercambiamos contenido sobre el clima, la pandemia, y la comida del perro.
El perro subió al auto. El cedro agradeció sonriente. Encendimos el motor, cerramos las puertas y nos fuimos.
Siento que esta historia con el cedro ya arrancó su curva en bajada.

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Cnqst1-Dia 6: El susto de tu perro
Este día fue muy poco memorable. Solo puede redactar que estaba yo en la casa de abajo, y escuché ruidos raros en la casa de arriba. Y pense que habia entrado alguien o que mi amigo Roro se habia caido, entonces me acerqué sigilosa a la escalera gritando “¿Roro?¿Sos vos?” y dos segundos antes de que tu perro apareciera en escena yo escuche la respiración de tu perro entonces me di cuenta que estabas ahí, y me helé un poco pero ràpido me recuperé de la helada para ponerme la mano en el pecho y exclamar “¡Samik! ¡Me asustaste!” para que me veas algo vulnerable y asustada (??). Y al instante saliste a escena, y em sonreiste y me dijiste que eras vos, y ahi intercambiamos dos frases pedorras sobre lo que pen´se que era el ruido y vos me dijiste que era tu perro midiéndose con los gatos de la casa. Y me preguntas por Macarena, mi amiga que se encarga de los animales de la finca, y la fuiste a buscar para hablar con ella sobre la castración de los gatos.
Y yo te tenía ahí, en la casa, pero no era conmigo con quien venias a habalr, entonces pense como hacer para charlar con vos, y no se me ocurrió mas que poner a la lavar mi ropa e ir a la cocina, a donde estaba Macarena, a preguntarle si tenia ropa para lavar, a ver si el cedro me miraba el culo, que ese dia tenia puesto un jean que me lo marca bien. Engtré a la cocina, iganorando al cedro completamente a punto de no mirarlo, interrumpí la charla sobre la castracion de los gatos para hacer una pregunta que perfectamente se podía hacer en otro momento. Y me fuí a poner a lavar la ropa en el lavadero que da al pasillo sobre el que ibas a pasar, y te escuché pasar, y seguramente me viste el culo, porque me puse a cargar el lavarropas con el culo apuntando a la puerta que dejé entreabierta para que me lo veas. Pero otra ves, no me saludaste.
Y no sólo eso, sino que comprobé que no te sabes mi nombre, porque dos segundos despues de que te fuiste, volviste sobre tus pasos y como no sabias como llamarme me dijiste “¿Macarena? ¿Le puedes visar a Roro que me venga a ayudar un minuto con algo de mi carro?”. Y yo solo pude asentir y salir a buscar a Roro, y ni siquera te pude corregir el nombre, para que te lo aprendas.
Cnqst1-Día 5: El (no) contacto virtual.
Toda la semana despues de la fiesta me sentí derrotada. Fui la artífice de mi propia tumba. Maté a la fiesta y con ella, a las chances de acercamiento. El reconto de los intentos de seduccion del cedro fueron dos: la media mirada de reojo mientras le lavaba las manos, y un comentario de “buen provecho” con una sonrisa que muy oportunamente le dije al cedro en algun momento en que me lo crucé y lo vi clavándole un mordisco a uno de los buñuelos que habiasmo hecho. Ese es siempre un gran momento para iniciar una charla: mientras la persona deseada tiene los dientes y la lengua en contacto con la comida.
Con cierto apuro por empezar a encauzar la historia, mi atraccion por el cedro llevaba ya algo más de cuatro semanas; decidí probar suerte con la vía virtual. Despues de mucho medirtarlo, le pedí solicitud de amistad en instagram, dejando expuesta la gran labor de averiguación de nombre que realicé - lo que en la jerga popular se llama stalkeo-. El cedro me devolvió la solicitud de amistad a los pocos minutos, y yo me sentía entrando a jugar un partido.
Sabia que despues de esa hazaña, yo tendría que hacer algun movimiento, aunque me era muy dificil develar cuál. Tenia que ser algo sutil, pero tambien algo agresivo. Y por sobre todo, tenia que ser ambiguo: no debía de ser obsecuente, ni demostrar la desesperacion que me generan las fotos de feed con el torso descubierto y el traje de surf hasta la cintura.
Esperé uno, dos, tres días hasta encontrar la ocasión perfecta. Y apareció, o eso creí: una ´storie´sobre un músico de fama mundial. Ya habíamos estado hablando sobre música, y en caso de resultar desfavorable mi intento de acercamiento, siempre quedaría en duda si mi aproach era por mi fanatismo hacia el idolo mundial. Y así fue como le respondí el botón de fuego a una publicación en donde John Frusciante, el baterista de los Red Hot Chilly Peppers cantaba el cover de una canción de los Bee Gees durante el parate de algun recital.
La jugada me habia parecido megistral, sutil y ambigua, pero agresiva: le estaba mandando ´fueguitos´a una story al chico que me gustaba.
Bueno, no. Me clavó el visto y no volvió a mirar mis stories.
Cnqst1-Día 4(continuación): Las manos en la masa.
Las manos del cedro no son particularmente lindas, tampoco son feas. El tamaño, el grosor y forma de los dedos son estandard, y si bien prefiero manos grandes con nudillos huesudos, dedos fuertes y de puntas redondas, lo que observaba mientras removía pedazos de grumos no se veia mal. Si hay algun tipo de inconveniente con las uñas: tenian forma de abanico, y estaban unos 3 mm largas. En ese momento me consolé pensando que las uñas siempre se pueden cortar; aunque en mi imaginario la uña larga puede ser un indicio de descuido de la higiene.
Cuando hube terminado el lavaje, cedro se retiro de la cocina y me dejó la certeza de que esa noche pasaría algo mas. Una charla, como mínimo. Estaba decidida a generarla.
Se sirvió la cena, en un quincho con unas treinta personas, en donde yo tuve siempre en la mira/reojo la posicion del cedro. El buena parte de la noche se la pasó hablando con una amiga suya, la otra parte, viendo a sus amigos jugar ping pong. Mis certezas empezaban a ponerse en duda. Me empezaba a parecer que el cedro no me habia pedido un lavado de manos como excusa de seduccion, sino por mera conveniencia. Me habia usado.
Mientras dudaba, yo esperaba a que la noche y la inminente fiesta avance en la profundidad de la noche como avanzaria el alcohol en mi y en su estómago, para llevar a cabo el acercamiento. Pero, en determinado momento de la noche, consideré que sería un buen momento para levantar la comida de la mesa y depejar así todo rastro de la cena que supo ser, para que solo quede la bebida, y contribuír así a consegrar definiitivamente a la fiesta como tal.
Bueno, me equivoqué. Enseguida hube levantado el primer plato, la mitad de los comensales empezó a ayudarme en la tarea. Limpiaron la mesa en menos de cinco minutos y no sólo levantaron los platos y las fuentes, sino las latas de cerveza y los vasos. Pesquicé que la gente estaba muy entusiasmada con la idea de levantar el evento, y ante ese temor epecé a indicar desde la cocina que no, que gracias por la ayuda, que dejen los vasos en la mesa, que solo leventaba los platos para que no se llene de moscas, que disfruten de la noche, que ...
Del otro lado, solo recibia que no, que mujer, te ayudamos, que ya es tarde, que entre todos se hace mas rapido, que ... Y así como así, la gente empezó a agarrar sus carteras y abrigos, y en menos de media hora desde que agarré el primer plato, la fiesta estaba entrando en un coma terminal: partío el primer auto, y a los cinco minutos el segundo y a los diez, el tercero, con cedro arriba que encima se fue de la casa sin saludar.