Dar vida a lo muerto: Dead Can Dance y el eclecticismo más allá del género
Lo inefable como idioma, la herejía como visión del mundo.
El término “ecléctico” tiene su origen en el griego antiguo “eklektikos”, que significa literalmente “el que tiene la capacidad de elegir”. En la Grecia del siglo II a. C., esta palabra se utilizó para designar una corriente filosófica que no se adhería a una doctrina única, sino que tomaba elementos de distintas escuelas para construir una visión propia. Lo ecléctico es lo contrario a lo dogmático. Es un adjetivo usado para calificar a aquellas personas, música, corrientes artísticas, arquitectónicas y filosóficas que deciden tomar elementos, opiniones, ideas, etc. de diversos orígenes
Dead Can Dance es uno de esos grupos influyentes en la escena gótica que han pasado a ser de culto. El dúo formado por los australianos Lisa Gerrard y Brendan Perry es el sinónimo de ecléctico. Encarnan esta filosofía fusionando épocas, culturas y temas folclóricos con toques medievales, renacentista, mantras y art rock entre otros.
La agrupación nació en Melbourne en 1981, fruto del encuentro entre Lisa Gerrard y Brendan Perry. La inquietud artística los llevó a desbordar los límites del rock convencional.
El nombre del grupo —Dead Can Dance— encierra una paradoja poética: “dar vida a lo muerto”. Más que una declaración estética, es una filosofía sonora. Gerrard y Perry han sabido resucitar instrumentos arcaicos, escalas olvidadas y tradiciones musicales que parecían enterradas por la modernidad. En sus composiciones, lo medieval, lo oriental, lo tribal y lo litúrgico conviven en armonía, como si el tiempo fuera una ilusión y la música, un puente entre mundos.
A lo largo de los años, el dúo ha transitado por múltiples paisajes sonoros: desde los tintes góticos de sus primeros discos hasta la espiritualidad neoclásica de obras como The Serpent’s Egg o Anastasis. Aunque se disolvieron brevemente en 1998, su reencuentro en 2011 marcó el inicio de una nueva etapa creativa, reafirmando su lugar como una de las bandas más influyentes del eclecticismo musical contemporáneo.
En el álbum Within the Realm of a Dying Sun el neoclasicismo se mezcla con la música sacra. Atmósferas etéreas y místicas. Es el álbum con el que los descubrí.
La exploración del patrimonio musical alcanza uno de sus momentos más audaces en Aion, donde Dead Can Dance se sumerge en la reinterpretación de piezas medievales y renacentistas. En este álbum, el dúo se atreve a dar nueva vida a obras como la The Song of the Sibyl, una composición tradicional catalana del siglo XVI, y el Saltarello, una danza popular italiana del siglo XIV, desafiando con ello las sensibilidades de ciertos puristas.
Dato curioso: Lisa Gerrard es la voz detrás de la banda sonora de la película Gladiator. ;)
Dead Can Dance no se puede encasillar fácilmente. Su música rechaza cualquier frontera. En ella podemos encontrar:
Cantos gregorianos y música medieval.
Polirritmias africanas y mantras orientales.
Folk celta, dream pop, art rock y música litúrgica.
Instrumentales exóticas y voces profundamente espirituales.
Dead Can Dance no se limita a fusionar estilos musicales; lo que hace es entrelazar visiones del mundo. Cada composición es una ventana a una cultura, una época, una espiritualidad distinta. El dúo no solo toma prestados instrumentos o escalas: se sumerge en sistemas simbólicos, rituales y modos de entender la existencia. En su obra conviven el misticismo sufí, la liturgia cristiana medieval, la cosmovisión celta, el animismo africano y la introspección oriental. Esta amalgama no es decorativa: es esencial.
Su música no busca entretener en el sentido convencional. No hay estribillos pegajosos ni fórmulas de consumo rápido. Lo que proponen Lisa Gerrard y Brendan Perry es una experiencia sonora que invita a la introspección, al recogimiento y al trance. Como señala Revista Ladosis, su obra es “un paseo por la eternidad ” y se convierte en una de las experiencias musicales más espirituales y emocionalmente profundas de nuestro tiempo. Escuchar Dead Can Dance es como asistir a un rito sin dogma, donde lo ancestral se vuelve contemporáneo y lo espiritual se vuelve íntimo.
En este sentido, el eclecticismo que practican no es una simple mezcla de estilos: es una forma de resistencia. En un mundo cada vez más homogeneizado por la industria cultural, donde los géneros se estandarizan y las narrativas se simplifican, Dead Can Dance elige lo complejo, lo diverso, lo inclasificable. Su obra desafía la lógica del mercado y propone una estética que celebra la diferencia, la multiplicidad y la profundidad. Invita al oyente a un viaje de autodescubrimiento y exploración espiritual, algo que pocas propuestas contemporáneas se atreven a ofrecer.
Ballesta, Juan Carlos. Dead Can Dance: un paseo por la eternidad. Revista Ladosis.
On Dead Can Dance’s message to the within. Hate Meditations.