«Son cosas ajenas las que no son para el entendimiento de todos. De igual manera que es diferente la naturaleza de las hierbas, árboles y animales y deben ser tratados unos de un modo y otros de diferente, y no consienten ser aplicados por igual a los mismos usos; así son los entendimientos humanos. No faltan los entendimientos felices que comprenden y desentrañan todas las cosas; pero tampoco deja de haber otros que se embotan y son inaccesibles a determinadas materias. Hay quien es un águila para las ciencias especulativas y en cambio es un completo asno para las prácticas. Uno es apto para todas las cosas, pero es inútil para la Música; lo que acontece a otros con las Matemáticas, la Poesía y la Lógica. ¿Qué hay que hacer en este caso? Pretender obtener aquello en que no ayuda la Naturaleza es querer luchar con ella; intento inútil y necio. O no se conseguirá nada o el resultado no valdrá la pena comparado con el esfuerzo. El que enseña es ministro de la Naturaleza, no su señor ni reformador; no hay que fomentar el progreso de los discípulos contra la voluntad de Minerva; con la esperanza cierta de que ha de ocurrir, como suele, que por otra parte aparezcan los defectos. Pues si separamos o cortamos una rama del árbol, las demás crecen con mayor vigor porque a ellas acude toda su vitalidad. Y si ninguno de los discípulos es educado e instruido contra su inclinación, no habrá motivo alguno de contrariedad y desagrado y redundará en mayor vigor de la mente; con mayor soltura marcha cada uno en aquello a que es inclinado por su natural instinto (con la permisión de la suma Providencia) y después en su escala sirve más útilmente a Dios y a la humana sociedad.»
Jan Amos Comenius: Didáctica Magna. Ediciones Akal, págs. 195-196. Madrid, 2012.
TGO
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