"Ojalá pudiera preguntarte qué nombre quieres usar el resto de tu vida. Si te gusta ponerte medias en las noches. Cuál palabra prefieres aprender primero.
Cuando ya puedas decirme todo eso, te voy a enseñar a que no construyas una casa grande para sentirte más pequeña. Que no seas una refugiada de guerra dentro de ti misma, con un miedo constante por no saber cuánto tamaño mereces ocupar. A que no pidas una taza de sopa fría, cuando tu novio se devora el lugar entero, incluyéndote a ti. A que nuestros cuerpos no son frutas, 'figura manzana', 'figura pera', 'media naranja'. Eres entera, completa, intacta, ininterrumpida, de carne y huesos que sobresalen o se esconden como el sol que no tiene que decidir en qué lugar del cielo quedarse. A que no resientas que tus fronteras no son suaves como chicle de fresa, como las niñas de las películas de amor. Son pedazos de caramelos rotos, que rompen dientes al masticar y cuestan más deshacer. A que no tienes que ser chupón rosado, lazo rosado, Barbie rosada, cuaderno rosado, vestido rosado, Power Ranger rosado, aparatos rosados, cabello rosado, chequera rosada, tacones rosados, muebles rosados, ataúd rosado. Pero que si lo eres, yo misma te teñiré el pelo. Quiero que sepas que cuando un niño llamado Carlitos te empuje en tu salón de preescolar no quiere decir que le gustas. Que cuando Juan te diga nombres en clases de literatura no quiere decir que trata de esconder su atracción por ti. Que cuando tu primer novio Gabriel te grite en frente de tus amigos no quiere decir que es apasionado y se preocupa por ti. Que cuando Andrés te presione tan fuerte contra el volante del carro, que puedes sentir tus costillas saliendo de tu pecho, no quiere decir que te quiere. Que cuando un adulto llamado Tomás te empuje en la sala de tu casa, no quiere decir que te ama. Cuando tu corazón sea lo más pesado que llevas encima, no lo dejes convertirse en piedras dentro de tus bolsillos mientras caminas al agua. Cuando comparen tus ojos con el cielo, recuerda que eres una tormenta. Cuando traten de llenar tus vacíos con una boca de ron y promesas, asegúrale que no necesitas las promesas. Cuando te hagan un cumplido, no lo dudes, no te pongas roja. Cuando te encierren en el cuarto, rompe la ventana. Cuando te toquen y no sientas nada, bésate las palmas y afirma que no eres tú el fantasma. Cuando el profesor se equivoque, corrígelo. Cuando te llamen en la calle, no sonrías, por nadie. Cuando te enamores de un artista, no lo dejes convertirte en su musa: tus pecas no son un cuadro de Jackson Pollock. Cuando tus amigas te digan 'los hombres son así', tranca la puerta. Y cuando estés sola en tu cama pensando en la curvatura de la espalda de aquel que pudo haber contado los lunares entre tus piernas pero no lo hizo, llora. Pero no por él. Llora por todas las veces que oíste 'No llores, eso es de niñas' a tus hermanos, primos, vecinos, amigos. Llora por todo lo que ellos no lloraron. Llora hasta que inundes tus sábanas. Haz un océano. Ahógalos. A pesar de todo, quiero que sepas que siempre vale la pena pasar noches despierta pensando en la memoria de un rostro hasta desgastarla. Que las semanas que pasaste con el olor de su piel como vestido no fueron un desperdicio. Que no te arrepientas de crear un idioma secreto con sus besos o de leer braille en su piel. Que dejar en órbita algunas lunas nombradas con partes de su cuerpo no es grave. Que no importa cuánto tiempo pasaste tratando de limpiar los espejos de tus adentros, empañados por su respiración; esconde el vodka, cierra las ventanas, porque te voy a enseñar que el romance más importante es el de tu sangre como ríos, constantemente buscando salidas en tu cuerpo, para tejer nueva piel sobre tus heridas y poder mantenerte toda, completa, adentro."
("A mi futura hija" por Amalia Isabel Rago)























