J.J.Millás en una entrevista en el 20 minutos 18/4/2016
[...]El escritor [...] no planifica como el que diseña un puente o hace un ensayo. Empiezo y miro a dónde llego.
Texto escrito para el proyecto Relatos en la espera del taller internacional Interactivos?'17._en Medialab Prado Madrid
Puedes escuchar un borrador del formato en audio aquí
Hace mucho tiempo que no vengo por aquí.
Esta plaza que ha sido tan mía,
Me parece que todo está igual...bueno, más turistas veo la verdad.
Pero ahí sigue por ejemplo, el señor de las flores, Lorenzo creo que se llamaba. ¿Usted sabe una cosa, señora? En realidad es ciclista, lo de las flores es para vivir, pero lo que a el le gusta de verdad es la bicicleta.
Yo me llevaba, claveles, blancos o rojos, pero sin plástico y sin ninguna otra floritura…tal cual.
No, no soy de Madrid, pero como casi nadie en este barrio,¿ no?
Me parece tan acogedora esta ciudad. Ahora vivo más al norte.
Me he pasado un año entero sin volver a este lugar, Tirso....
Tenía demasiados recuerdos pegados a las esquinas de estas calles.
Y en este tiempo, aunque haya estado por otros lugares, tratando de hacerme a otro paisaje, algo de aquí venía conmigo.
Este es mi barrio de Madrid, y Tirso de Molina una de mis plazas.
Tan extraña al tiempo que familiar,
tan llena de gente que solo pasa un minuto,
tan llena de gente que pasa toda la vida…
Ese de la esquina es mi sitio de comer con Cristina al sol. Unos almuerzos maravillosos de nosotras.
Y aquí me ve. Hoy he vuelto…
después de un año entero que ha parecido un siglo.
Cuando me decidí a venir tenía claro que no podía hacerlo en metro, demasiadas veces compartido, no me servía.
Tenía que ser otra manera. Una solo mía, una nueva.
Una vez decidida la manera en que iba a volver ahora tenía que estudiar todo el resto de detalles.
Me he pasado una semana diseñando cada pequeña cosita hasta hoy.
¿Cree usted que esta camisa de flores me la pongo yo cualquier día? No señora no, esta es mi camisa de los días especiales.
No, no he ido a la peluquería pero me he esmerado en este recogido. Si son dos trenzas que se unen. Aprendí sola haciéndolo. ¿Las flores? Las flores no son de verdad, son de tela pero ¿a que parecen de verdad? Según estés más lejos o más cerca parecen un tipo u otro. De lejos parecen jazmines y de cerca pequeños claveles, y de muuuy cerca gardenias.
Gardenias solo les parece a los chicos que yo quiero.
Si ya lo sé, hay que tener cuidado, que luego la desgracian a una ¿verdad señora? ¿A usted le pasó no? ¿Y a su hija? Claro, qué me va a contar.
En mi familia también, mi bisabuela tuvo dos hijos, de padres diferentes sí, uno de un señorito del pueblo. Pero el segundo si la quería, fíjese si la quería que cuando ella, mi bisabuela, se murió, se quiso llevar a los dos a Cuba, porque en España ya se estaba poniendo la cosa fea, pero su madre no le dejó, ¡¡llevarse un hijo bastardo!! Y entonces se quedó en el pueblo el que sería mi abuelo.
Pero sí, señora, en la piel llevamos todas escritas estas historias, de nuestras abuelas, nuestras madres.
Andalucía, sí sí, un pueblo del andévalo onubense.
¿Por dónde iba? Que una se despista con tanta historia.
A sí, pues eso, que me he preparado bien para venir. Todos los detalles, los pendientes que él me regaló de aquel viaje y todo. ¿Son bonitos verdad?
Mi abuela después de que pasara todo esto me decía: “Hay más días que ollas” Y a mí me encanta esa expresión.
Eso es, como diciendo que hay más peces en el río, que hay más hombres en el mundo vamos.
Y yo siempre me acuerdo también de esa letrilla tan sabia, que yo la interpreto como si se refiriese a alguien que ya no está en tu vida, no exactamente que te hable o deje de hablar sino que por lo que sea ya no esté más. Y mira que es verdad que como dice, tampoco será tan necesario, si no es ni pa´ comer ni pa´ beber.
Para mí que es una letra feminista.
Bueno pero así bajita…va por alegrías de Cádiz que son mis preferidas. (compás palmas por alegrías)
Por mi puerta y no me hable
Que me importa a mi que pase
Por mi puerta y no me hable
Con buenos días de nadie.
Bueno, a lo que estamos, que me desconcentro de nuevo.
Lo que le venía diciendo, que me he venido pacá, después de un año entero sin venir. Y se lo confieso, he vuelto para vengarme.
No me había fijado con tanta conversación, hay algo oscuro, como seco en las manos y los zapatos de esta chica andaluza que no para de hablarme. Lleva una bolsa grande, como de ir a la compra, de esas como de tela con asas gruesas. Me asomo un poco mientras ella se coloca el pelo bien. Dentro hay algo, algo que parece pesar mucho. Desde donde yo estoy solo veo que es oscuro. Hay algo más, algo que brilla, como una hoja. ¿Un cuchillo? No puede ser, esta chica parece inofensiva, un poco intensa eso sí, pero inofensiva…Sin embargo, esas manchas oscuras en sus manos…Esa cosa grande dentro de la bolsa. Será posible que su venganza….
Lo que le decía, que he vuelto a hacer algo que tenía que haber hecho hace mucho tiempo. ¿No cree usted? Que este también es mi barrio, y la que me fui de aquí fui yo. Pero eso me da igual, para él no me importa. Después de lo que hizo…
Bueno, le sigo contando. Me vine aquí temprano esta mañana, quería cogerlo por sorpresa antes de que se despertara. Sabía que esa sería mi única oportunidad.
Estaba nuestra calle preciosa, la de los pajaritos del rastro ¿sabe cuál es? Es un poco rara, siempre lo pensé. Escuchas piar a los pájaros, lo que es muy bonito, pero están encerrados en jaulas. Tenía que haberme percatado cuando nos mudamos que claramente eso era una señal de que algo bien no iba a salir, ¿no cree? jajajaja.
Iba temblando, no se crea usted que yo soy capaz de estas cosas, no sé de donde he sacado la fuerza para hacerlo.
Pues he llegado a la puerta de nuestra antigua casa, ahora solo SU casa.
Y allí estaba yo, con mi moño, mi camisa linda, mis grandes tijeras y todos los avíos.
Me he subido al contenedor y le he cortado una rama a mi rosal del balcón.
El geranio me lo he llevado entero, aquí está la maceta, sí señora, que me lo regaló mi padre que venía del corral de mi abuela y eso es muy importante para mí y yo lo quería tener.
En realidad, no es robar es coger lo que es mío. ¿no?
He bajado del contenedor, me he ajustado una de las flores que se había caído un poco, he cogido mi bolsa y me he vuelto calle arriba.
Ya llega mi bus, hasta luego señora, encantada.
La chica ha subido al bus, iba dejando un rastro tras de sí que goteaba de la bolsa.
A mi la verdad me ha parecido demasiado espeso para ser agua de la maceta.
Pero, ¿quién soy yo para meterme en la vida de los demás?
Suenan sirenas de policía y tres coches cruzan la plaza a toda velocidad, Mesón de Paredes abajo.
Yo creo, que ya sé dónde van.