La alegría del amor conyugal
La alegría del amor conyugal
Y la trajo Isaac a la tienda de su madre Sara, y tomó a Rebeca por mujer, y la amó...
Génesis 24:67
Isaac era el único heredero de un acaudalado padre. Heredero de una gran fortuna y de una gran promesa. Su padre era el padre de la fe, el progenitor de una gran nación. Por medio de él todas las familias de la tierra serán bendecidas. Isaac tenía 40 años, pero aún estaba soltero. Isaac era un joven creyente y tenía intimidad con Dios en la oración. Su matrimonio con Rebeca es uno de los capítulos más apasionantes de la historia. Rebeca era el objetivo de oración y de una búsqueda minuciosa. Isaac amó a la joven, hermosa, fuerte y no temerosa Rebeca cuando la vio por primera vez. Desde que la conoció fue consolado por la muerte de Sara, su madre. El matrimonio es un don de Dios para la felicidad humana. Por lo tanto, tiene que ser construido sobre la base del amor. No hay otra razón que debe motivar a dos jóvenes a entrar en una alianza matrimonial. Se equivocan los que entran en este pacto por otros inte- reses. El amor debe gobernar las acciones y sentimientos en la vida conyugal. El amor busca la felicidad del cónyuge más que la suya propia. El amor no es “ego centralizado” sino “otro centralizado”. El amor debe ser conocido por lo que es, por lo que evita, por lo que cree y por lo que hace. El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es celoso ni es soberbio. El amor no se goza de la injusticia, sino se goza con la verdad, pues todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca acaba.
Extraído del libro Gotas de alegría para el alma














