en nueva york – una cafetería olvidada en queens, donde la hora dejó de importar desde que llegaste.
Adentrarse en el primer lugar que le pareció más o menos disimulado era una excusa para descansar un rato antes de seguir el ruedo. “¿Te molesta si me siento aquí?” para cuando preguntó, ya había tomado asiento a sus anchas, a propósito. Dejó el café sobre la mesa de madera, revolviéndolo con la punta de su índice una y otra vez, con parsimonia. “¿Cómo van esas denuncias? Quiero decir, la vida, Patch” puso una cara de horror cuando degustó el sabor de la yema de su dedo. “Deberías irte a un retiro espiritual, ya sabes, a lo Comer, rezar, amar. Para cuando regreses, lo tuyo habrá pasado a la historia y yo quizá ya me haya echado la soga al cuello con los federales” cosa que no lo sorprendería, en realidad.
@pathanegan












