El color: un poderoso aliado para nuestros espacios cotidianos
La presencia del color en nuestra cotidianidad es fundamental aunque muchas veces pase desapercibido. Su importancia es en gran medida subestimada, pero un buen manejo cromático de nuestros espacios laborales, de ocio o domésticos puede ser determinante a la hora de que estos lugares cumplan con su función de manera eficiente: capacidad de concentración, relajación, diversión, equilibrio, frescura, naturalismo, etc. En conjunto, el color es una herramienta más para apoyar conceptos de diseño, arquitectónicos y espaciales.
El color es un medio para transmitir emociones, para comunicar ideas, y el buen manejo de su dimensión psicológica nos puede proporcionar grandes beneficios para quien habita. Claro está que el color no actúa solo, es un elemento más del complejo engranaje que significa diseñar espacios. Formas, planos, usos de los espacios, ubicación, función, son tan sólo algunos de los elementos de la ecuación, sin embargo, el color nos puede proporcionar muchos elementos simbólicos para apoyar lo que queramos hacer de nuestros espacios: su alto contenido simbólico, las posibles combinaciones, incluso la importancia de saber manejar la ausencia de color para administrar de forma jerárquica los elementos cromáticos que deseemos incluir.
La arquitectura y el diseño contemporáneo parecen tener muy claras estas premisas: dentro de las nuevas tendencias es casi una máxima el trabajo de espacios lisos, limpios, diáfanos, con aperturas que permitan la entrada de luz natural, el manejo del blanco para neutralizar y dar amplitud a los espacios, y siempre un elemento de color saturado muy puntal, puesto con toda la intención, le da personalidad y fuerza al espacio. La aplicación cromática pone el broche de oro a cualquier trabajo, y nos hace reflexionar sobre la importancia del mismo y a ser cuidadosos a la hora de vestir nuestros espacios: los acentos de color, al ser repetitivos o muy invasivos pueden quitarle toda la intención y el encanto a un determinado espacio. Recordemos que la simpleza va siempre ligada a la elegancia y el buen gusto.
Colores planos, puros, distribuidos de forma estratégica. Si se trata de espacios reducidos, lo mejor es mantener colores claros y mucho blanco, con algún tono fuerte, vivo y repleto de personalidad, colocado en el lugar adecuado, esto dará amplitud, multiplicará el espacio, dando una sensación mas diáfana. Si por el contrario, se trata de lugar es con dobles alturas, amplias luces, ventanas, se podrían trabajar con elementos cromáticos mas oscuros, que absorban más luz. Es decir, podríamos atrevernos con grandes paredes de algún color primario, rematadas con un aplique de color complementario al otro lado de la sala, como por ejemplo un cuadro, un afiche, o un libro decorativo.
Se han hecho muchos trabajos sobre la simbología y la psicología del color, conocerla nos puede ayudar a aplicar con más y mejor criterio los aspectos cromáticos de nuestros espacios, por ejemplo: el Rosa transmite calma, promueve el afecto, mientras que el amarillo intenso transmite fuerza, aumenta la energía, amplía el tamaño de un cuarto. Así mismo el color blanco purifica los espacios, unifica, da más vida a los demás colores, las galerías de arte y museos siempre son espacios blancos y puros, a diferencia del color negro, que transmite autoridad, demuestra disciplina, anima a la independencia. El naranja por su lado, nos habla de fuerza, estimula el apetito y la conversación. El color rojo, se asocia al poder, en cambio el verde al equilibrio y la frescura. El Púrpura será en cambio ideal para sentir confort o crea misterio. La gran variedad de azules relaja, es el color del cielo, de lo inmenso, de lo tranquilo, de lo profundo.
Un buen uso del color es clave para llenar de personalidad nuestros espacios, dotarlos de carácter, humanizarlos, darles vida y determinación. Tenerlo como aliado nos ayudará a potenciar todos demás elementos que conforman nuestro habitad.