Sólo me bastó ver la película de Disney, El Rey León, para enamorarme perdidamente de los felinos y todas las especies animales en general. Tenía 6 años cuando se estrenó la película y desde entonces, la he visto unas 100 veces (sin exagerar), aparte de que ya vi la obra musical en Broadway, visité el parque temático de Animal Kingdom en Orlando (donde hay un show de la película sin animales) y tengo al peluche de Simba observando cómo trabajo todos los días (sí soy súper mega fan).
Igual que yo, millones de niños (y adultos) tenemos el deseo de ver a estos y otros animales de cerca y si es posible, tocarlos. Por supuesto que fui cuando era niña a los circos donde presentaban a diversos animales como leones, elefantes, jirafas y camellos, y siempre salía con una sonrisa enorme, hasta que un día me ganó la curiosidad y fui a ver cómo vivían, lo que encontré me horrorizó. Jaulas diminutas, la mayoría de las veces sucias y empecé a notar que varios animales estaban flacos y con heridas en sus cuerpos, así que me hice la siguiente pregunta: ¿Por qué no están corriendo libres por la pradera como Simba y Nala? Después de este durísimo frentazo, dejé de ir a los circos que utilizan animales en sus presentaciones. Ningún ser vivo debería de estar en esas condiciones y privado de su libertad.
Últimamente, he leído en varios periódicos y medios digitales que los cirqueros en México, ahora con la aprobación de la ley de Circo sin Animales promovida por el Partido Verde, están considerando sacrificar a los animales que tienen por no poder encontrarles un lugar adecuado donde puedan seguir sus vidas. Así de fácil deciden la muerte de un animal, que sigue siendo un ser vivo igual de importante que nosotros.
En primer lugar, no se tendría que llegar a este punto si desde un inicio no se sacaran a estos animales de su hábitat natural y se les obligara a participar en un show para generarle ganancias a un grupo de personas. En segundo lugar, sé que mucha gente se ha quedado sin empleo por esta ley pero creo que hay millones de opciones para que puedan seguir trabajando si les gusta el mundo animal sin tener que aprovecharse de ellos o lastimarlos, aunque en este punto sí creo que el gobierno debería de presentar apoyo u opciones para que encuentren un trabajo pronto. En tercer lugar, el mundo evoluciona, lo que antes era el circo ahora ya no lo es, así es la vida. Basta con mirar a circos como el canadiense Cirque du Soleil, que no utiliza animales, únicamente personas con una capacidad y talento impresionante que te dejan siempre con la boca abierta e impactada de lo que puede hacer el ser humano con su cuerpo, aparte de que económicamente es muy redituable tanto para los dueños como para los artistas.
Hay muchas cosas en las que no estoy de acuerdo con los partidos políticos pero esta iniciativa sí la aplaudo, sé que es un pequeño paso pero por algo se empieza. Que tiene errores y carencias esta ley, sí, como todas. No se puede hacer una ley perfecta, porque no es lo mismo la idea en papel a cuando se ejecuta pero así se aprende. Es como Simba, si no hubiera muerto su padre y hubiera tenido que huir del reino, jamás hubiera encontrado su propio valor y coraje para asumir la responsabilidad que le correspondía como rey.
Gabriela Meade / @gabochmeade