Cuando usted me terminó me dijo que yo era una chucha, una chucha, parce…
Debe ser por el amor que le tengo a mi familia.
Debe ser porque me gusta caminar por la ciudad y comer mango y guayabas,
o porque tengo una pasión toda bonita por la noche,
o porque los humanos que no se toleran a sí mismos
me quieren levantar a patadas cada vez que les cobro el pago.
Para los náhuatl fueron las chuchas las que se robaron el fuego
y se lo dieron a los humanos.
Las llaman tlacuaches, que significa “vientre de fuego”,
y son la personificación de la astucia.
Además, tienen unos ojos todos hermosos,
es como si la tristeza se hubiera ido a vivir en ellos.
Quizás para algunos sean un poco feas,
pero la mayoría también lo somos
y aun así salimos a la calle a lastimar la estética.
Prefiero seguir siendo una
y ni pa’ cucaracha alcanza.