seen from Netherlands
seen from United States
seen from China
seen from Netherlands
seen from China
seen from United States

seen from United States
seen from Netherlands
seen from Italy
seen from China
seen from United States
seen from Germany
seen from United States
seen from United States
seen from China
seen from United Kingdom
seen from Malaysia
seen from Japan

seen from Singapore
seen from United States

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
«…Comparto, sin embargo, lo que Guérin intenta hacer. Creo que es lo que hay que hacer. Si miramos de cerca, hay similitudes y relaciones. Los elementos antiestatalistas, más antivanguardistas del movimiento socialista, incluso marxista —tipos como Antón Pannekoek u otros—, tienen similitudes muy fuertes con ciertos elementos del movimiento anarquista, como el anarcosindicalismo. Es bastante dificil establecer las diferencias entre, por ejemplo, los consejos obreros de los que habla Pannekoek y las concepciones anarcosindicalistas de la organización social. Ciertamente las diferencias existen, pero son del tipo que debe existir cuando la gente trabaja de manera asociativa en relación de compañerismo. Así que, en mi opinión, es una combinación sensata. La distinción más definida está entre estos movimientos y las distintas formas de totalitarismo como el bolchevismo, el capitalismo corporativo, etcétera. Ahí hay una verdadera ruptura. Por un lado estructuras totalitarias y por el otro las sociedades libres. De hecho, creo que incluso hay similitudes significativas entre esta mezcla de socialismo libertario y anarquismo y las ideas de ciertos pensadores de las corrientes dominantes como John Dewey. Existen semejanzas asombrosas.»
Noam Chomsky: «Entrevista con Barry Pateman» (2004), en Escritos libertarios: Esperanza en el porvenir. Capital Intelectual, pág. 131. Buenos Aires, 2007.
TGO
@bocadosdefilosofia
@dias-de-la-ira-1
«El anarquismo individualista del que usted esta hablando, con Stirner y otros, es una de las raices, junto con otras, del Ilamado movimiento libertario de Estados Unidos. Se trata de la entrega al capitalismo de libre mercado y no tiene ninguna conexion con el resto del movimiento anarquista internacional. En la tradición europea, los anarquistas se hacian llamar comunmente “socialistas libertarios”, en un sentido muy distinto de la palabra “libertario”. En mi opinión, los movimientos obreros que no se hacian llamar anarquistas estaban mas cerca de la corriente principal del anarquismo europeo que muchos norteamericanos que se autodenominaban anarquistas. Si nos remontamos al activismo sindical de los primeros tiempos de la Revolucion Industrial, a las prensas obreras de los años 1850, etcétera, podemos encontrar elementos del anarquismo. Era gente que nunca habia escuchado hablar del anarquismo europeo, nunca habia escuchado hablar de Marx, ni nada de eso. Pero era todo espontaneo: entendian que el trabajo asalariado no es tan distinto de la esclavitud, que los trabajadores debian ser propietarios de los molinos, que el sistema industrial estaba destruyendo la iniciativa individual, la cultura, etcétera, que tenian que combatir lo que Ilamaban el “nuevo espiritu de la época”: “Haz fortuna, olvidandote de todo menos de ti mismo”. Suena bastante familiar. Y lo mismo sucede con otros movimientos populares. Tomemos el caso de los movimientos de la New Left. Algunas corrientes se consideraban vinculadas al anarcocomunismo, que siempre se reconoció como una rama del socialismo. En cambio, el movimiento libertario norteamericano y, en alguna medida, el britanico, son algo bastante distinto y tienen un desarrollo bastante diferente. De hecho, no rechazan la tirania mientras sea una tirania privada. Esto es radicalmente distinto en otras formas del anarquismo.»
Noam Chomsky: «Entrevista con Ziga Vodovnik» (2004), en Escritos libertarios: Esperanza en el porvenir. Capital Intelectual, pág. 140-141. Buenos Aires, 2007.
TGO
@bocadosdefilosofia
@dias-de-la-ira-1
«Por otro lado, este tipo de preguntas son accesibles. Una de las cosas que hacen los intelectuales es volverlas inaccesibles, por muchas razones, incluso razones de dominación y privilegio personal. Es común que los intelectuales hagan que las cosas simples parezcan difíciles. Como cuando en la Edad Media la Iglesia creaba misterios para seguir siendo importante. Lea El Gran Inquisidor de Dostoievski, ahí está hermosamente expresado. El Gran Inquisidor cuenta que hace falta inventar misterios para que la gente no pueda entender las cosas. Para que se subordinen hay que hacer que las cosas parezcan misteriosas y complicadas. Ése es el desafío del intelectual. También los beneficia a ellos: se vuelven personas importantes, diciendo cosas que nadie entiende. A veces incluso se vuelve cómico, como en el discurso del posmodernismo. Se ha vuelto una parodia y eso todo bastante confuso, en especial alrededor de París. Pero también está muy exagerado, con todas las cámaras de televisión, toda la escenificación. Intente descifrarlo y ver qué es lo que realmente quieren decir, vea si hay algo que podamos explicarle simplemente a un niño. En realidad no hay nada. Pero así es como los intelectuales contemporáneos, incluyendo a los de izquierda, se hacen de grandes carreras y poder, dejando afuera a la gente, intimidándola, etcétera.»
Noam Chomsky: «El anarquismo, los intelectuales y el Estado» (1996), en Escritos libertarios: Esperanza en el porvenir. Capital Intelectual, págs. 116-117. Buenos Aires, 2007.
TGO
@bocadosdefilosofia
@dias-de-la-ira-1
Andrea Zhok: Chomsky es un idealista que luchaba contra el sistema. Da conferencias en todo el mundo, siempre con un gran número de seguidores. Y, sin embargo, no se enriquece (es acomodado, pero nada más). A los 87 años conoce a Jeffrey Epstein... A los 97 años, su reputación queda destruida porque, al consultar los archivos de Epstein, sale a la luz que se relacionaba con él, que aceptaba favores (ayuda financiera, vacaciones), que mantuvo una conversación en la que intentaba refutar las ideas racistas de Epstein y que, en conversaciones privadas, parecía creer en la inocencia de Epstein... no me interesa defender a Chomsky ni a nadie, pero hay algo que no puedo evitar preguntarme. ¿Alguien tiene claro en qué túnel nos hemos metido? ¿Quién puede decir que invertir en los valores tradicionales de la honradez, la lealtad, la reputación, esforzarse en la búsqueda común de un ideal tiene sentido hoy en día? ¿Entienden lo que está en juego? Hemos construido un mundo en el que puedes matar a tu prójimo, masacrar pueblos, sumir en la miseria a regiones, violar, comprar y vender órganos, hacer cualquier cosa y, al final, si tu círculo de chantajistas te apoya lo suficiente, te libras con una mención al margen... Por otro lado, puedes dedicar tu vida a las ideas que consideras justas, discutir con todo el mundo, no rehuir nunca, participar, firmar peticiones, escribir sin cesar, mantener la coherencia incluso en situaciones difíciles, no aceptar chantajes, no dejar que el poder te dicte lo que debes decir y, al final, si alguien encadena diez episodios «inoportunos» en la vejez, eso es suficiente para despreciarte y tirar a la incineradora todo lo que has hecho. Bueno, no sé si está claro qué lección está llegando a las nuevas generaciones. Entonces no se sorprendan
"(...) Lo que me llama la atención aquí es un elemento relacionado con la dinámica de la reputación. Chomsky parece un idealista que lucha

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
Noam Chomsky e Jeffrey Epstein
C’è qualcosa di profondamente rivelatore nella relazione di Noam Chomsky con Jeffrey Epstein. Non sul piano penale (non ci sono prove di coinvolgimenti nei suoi crimini), ma su quello simbolico e morale. Un intellettuale che ha costruito la propria autorità denunciando le complicità tra potere, denaro e istituzioni, che ha smontato per decenni l’ipocrisia delle élite, che ha insegnato a diffidare…
View On WordPress
En defensa de Noam Chomsky... Si dejamos de lado la carga emocional del nombre «Epstein», lo que queda es un académico que mantuvo una amistad con alguien que resultó ser un depredador. Eso es todo... Epstein se declaró culpable en 2008. ¿Cómo es posible que Chomsky no lo supiera? El acuerdo de 2008 se diseñó para ser invisible... se estaba enterrando la justicia. Lo que Epstein había hecho no eran de dominio público... Chomsky y Valeria afirman que les presentaron a Epstein en 2015 y que no sabían nada de su condena de 2008. ¿Es eso plausible? Le presentan a alguien en un evento profesional, que se presenta como «filántropo de la ciencia y experto financiero», sí, es plausible... Chomsky aconsejó a Epstein, a principios de 2019, que ignorara las críticas de la prensa, descartándolas como «histeria sobre el abuso de mujeres»... Chomsky había sido objeto de ataques mediáticos. Lo habían tildado de negacionista del genocidio, antisemita, y de simpatizante de los terroristas. Tenía experiencia vivida de cómo el discurso público fabrica la indignación, y su escepticismo hacia las campañas de los medios había sido fundamental en su trabajo intelectual. Así que Epstein le dice a Chomsky que está siendo injustamente atacado por la prensa. Chomsky compara esto con su propia experiencia. Le da el mismo consejo que le daría a cualquiera, el que él mismo ha seguido muchas veces: ignóralo, los buitres quieren una reacción... Chomsky estaba advirtiendo a un amigo sobre cómo funcionan las dinámicas de los medios de comunicación. El hecho de que el amigo fuera realmente culpable no convierte el consejo en algo siniestro. Convierte a Chomsky en alguien a quien le mintieron y creyó la mentira... La calidez de los correos electrónicos se interpreta como complicidad... Pero, ¿y si se acepta, como sugieren las pruebas, que no lo sabían? Se interpretaría como una expresión de gratitud a alguien que les ayudó durante un periodo difícil de sus vidas... Epstein era un profesional en esto. Todo el sistema estaba diseñado para producir exactamente este tipo de asociaciones comprometedoras, de modo que todo el que se le acercara quedara mancillado... Epstein mantenía relaciones con presidentes en ejercicio, funcionarios de inteligencia, multimillonarios del sector tecnológico y titanes de Wall Street, que tenían muchos más recursos que un académico. Muchos mantuvieron sus relaciones con Epstein con pleno conocimiento de sus actividades... La energía que se dirige hacia Chomsky es energía que no se dirige hacia el sistema que permitió a Epstein operar durante décadas, los fiscales que le concedieron un acuerdo favorable, las instituciones que siguieron aceptando su dinero, los servicios de inteligencia que le protegieron... Estamos tratando al objetivo de la manipulación como si fuera un colaborador... Chomsky no era un cómplice. Era un objetivo. Uno especialmente valioso para Epstein, precisamente por su autoridad moral... El verdadero escándalo de los archivos de Epstein no es que un profesor fuera ingenuo. Es que los sistemas que debían detener a Epstein —las fuerzas del orden, los fiscales, los organismos reguladores— fallaron durante décadas (Justin Brown)
"Sé lo que estás pensando. Has visto los titulares. Has leído los correos electrónicos. Noam Chomsky, el lingüista de 97 años, el hombre qu
“I don’t expect much from politicians, corporate tycoons, the presidents of prestigious universities, billionaire philanthropists, celebrities, royalty or oligarchs. They live in narcissistic and hedonistic bubbles that cater to their self-worship and moral depravity. But I do expect a lot from intellectuals such as Noam Chomsky. The explanation by his wife Valéria - Noam suffered a severe stroke in June 2023 and is incapacitated - of their relationship with Jeffrey Epstein is filled with the fatuous excuses used by all those who have been outed in the Epstein emails and documents. According to Valéria, she and Noam were “overly trusting.” This led to “poor judgment.” She writes that she and Noam were ensnared by dinners with luminaries at Epstein’s mansion, flights on his private jet nicknamed the Lolita Express, a literary reference to the sexual exploitation of girls Noam would have recognized, financial assistance, trips to Epstein’s ranch and the use of one of Epstein’s apartments in New York. Like everyone else outed in the Epstein files she and Noam “never witnessed any inappropriate behavior from Epstein or others.”
Noam’s advice to Epstein on how to handle press inquiries into his crimes, like Noam’s letter of recommendation for Epstein, was, she insists, the result of Epstein’s taking “advantage of Noam’s public criticism towards what came to be known as ‘cancel culture’ to present himself as a victim of it.” After Epstein’s second arrest in 2019, she and Noam “were careless in not thoroughly researching his background.” She ends by expressing “unrestricted solidarity with the victims.” Her letter regurgitates the formula of everyone outed in the Epstein files. I know and have long admired Noam. He is, arguably, our greatest and most principled intellectual. I can assure you he is not as passive or gullible as his wife claims. He knew about Epstein’s abuse of children. They all knew. And like others in the Epstein orbit, he did not care. From the email correspondence between Epstein and Valéria it appears she particularly enjoyed the privileges that came with being in Epstein’s circle, but this does not absolve Noam’s acquiescence. Noam, of all people, knows the predatory nature of the ruling class and the cruelty of capitalists, where the vulnerable, especially girls and women, are commodified as objects to be used and exploited. He was not fooled by Epstein. He was seduced. His association with Epstein is a terrible and, to many, unforgivable stain. It irreparably tarnishes his legacy. If there is a lesson here, it is this. The ruling class offers nothing without expecting something in return. The closer you get to these vampires the more you become enslaved. Our role is not to socialize with them. It is to destroy them.” - Chris Hedges, ‘Noam Chomsky, Jeffrey Epstein and the Politics of Betrayal’ (9 February 2026)
“Who is it — throughout this endless procession of tortures which has been the history of the human race — who is it that sheds the blood, always the same, relentlessly, without any pause for the sake of mercy? Governments, religions, industries, forced labor camps, all of these are drenched in blood. The murder is weary of their laws, their prayers, and their progress. Again just recently, there were the frenzied butchers who turned Paris into a slaughterhouse as the Commune perished. There were pointless massacres, such as at Fourmies where the bodies of innocent women and little kids tried out the ballistic virtues of the Lebels machine gun for the first time. And there are always the mines in which fifty, a hundred, or five hundred poor devils are suffocated, swallowed in a single moment of horrible destruction, their charred bodies never to see daylight again. And there are also the horrid conquests of distant countries where happy races, unknown and peaceful, groan under the boot of that robber of continents, that filthy rapist of forest communities and virgin lands, the western slave trader.
Each footstep taken in this society bristles with privileges, and is marked with a bloodstain; each turn of the government machinery grinds the tumbling, gasping flesh of the poor; and tears are running from everywhere in the impenetrable night of suffering. Facing these endless murders and continuous tortures, what’s the meaning of society, this crumbling wall, this collapsing staircase?
We live in ugly times. The misery has never been worse, because it’s never been more obvious, and it’s never stood closer to the spectacle of wasted riches and the promised land of well-being from which it is relentlessly turned away. Never has the law, which protects only the banks, pressed so hard upon the tortured shoulders of the poor. Capitalism is insatiable, and the wage system compounds the evils of ancient slavery. The shops are packed full of clothing, and there are those who go about completely naked; the indifferent rich are puking up food, while others perish from hunger in their doorways. No cry is heeded: whenever a single, louder complaint penetrates the din of sad murmurs, the Lebels is loaded and the troops are mobilized.
And that’s not all.
A population does not live solely on its stomach. It also has a life of the mind. Its intellectual joys are just as necessary as its physical joys. It has a right to beauty just as it has a right to bread. Indeed, those who could give it its higher pleasures, those who could introduce to the people this vital beauty are treated like public enemies, hunted down as criminals, hounded for being anarchists and beaten like beggars. They are reduced to a solitary life. An enormous barrier separates them from the crowd, by whom they are regarded as repulsive spectacles, and over whom there is spread the enormous, sordid, impenetrable veil of triumphant stupidity. We are witnessing an incredible social moment: at this time, while abundant with great thinkers, the public taste has never been so degraded, nor has ignorance ever enjoyed such base pleasures. Surely, if the hour in which we live is hideous, it is formidable as well: it’s the hour of popular awakening. And this hour is full of uncertainty. The patience of the downtrodden and the dispossessed has lasted long enough. They want to live, they want to enjoy, they want their share of all the happiness and sunshine. Whatever the rulers do, reacting to their worst fears, they will not forestall the inevitable course of events. We’re touching upon a decisive moment in human history. The old world is collapsing under the weight of its own crimes, and is itself lighting the fuse of the bomb that will blast it all away. This bomb will be all the more terrible because it will contain neither gunpowder nor dynamite. It’ll contain compassion and an idea; two forces against which nothing can be done.” - Octave Mirbeau, ‘Ravachol’ (1 May 1892)