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@enjoyandsmokeus 🍁🖤
E não vos conformeis com este mundo, mas transformai-vos pela renovação do vosso entendimento, para que experimenteis qual seja a boa, agradável e perfeita vontade de Deus. Romanos 12:2 #Deusébom #god #grace #jesuscristo #metanoia #solachristus #solascriptura #bible #4_20 #chapando

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Se vocês soubessem a procedência desse prensado .... pqp
Chapé un montón a uno y otro poquito a otros
y te juro que ni amagué a recordar tu existencia.
Estuviste en otro boliche a unos kilometritos chapandote un montón a una
y sé que ni amagaste a recordar mi existencia como siempre.
Sin embargo sos mi amorcito <33
01 Dragón
Una vez escribí sobre una tormenta. Era una tormenta terrible que iniciaba el viaje del protagonista en la búsqueda de su propia identidad. Cuando escribí la novela no sabía que esto era un género con nombre y todo. Se llama “De Iniciación”. Si, es el rito de iniciación donde deja de ser un chico temeroso y se convierte en… otra cosa. Pero también es el final de un viaje y a veces es el final total de la inocencia y el comienzo de otra cosa.
En mi caso personal, real, humano, luego de la tormenta comenzó la construcción de una coraza que se ha adherido a mi piel hasta arrebatarme todo lo que podía sentir.
La memoria es una trampa inclemente y un territorio confuso y cambiante, pero creo que no tengo recuerdos de esta insensibilidad desde antes de T. y como prueba, invoco a la imperiosa necesidad que tengo de volver a probar el sabor de su piel, una vez más, antes de morir. Y es que ya ni siquiera siento el voraz apetito que me producían esas semanas internado en el departamento de tal o el anhelo de la belleza y el excéntrico misterio engañoso de tal otra. Ni fulana, capricho of the ages me produjo esa necesidad de arrodillarme entre sus piernas a buscar refugio. Solo T. O aquel apodo tan tonto con el que la conocí. Tan cliché. Tan cliché todo.
A veces temo que la principal deidad en esta mitología de la desdicha que me construí sea “Una piba más” en el recuerdo de otra persona y no ese inmenso monstruo devorador de mis mundos a quien tanto deseo y temo. Por quien arruinaría sin dudar cada aspecto de mi vida, cada sueño, cada amistad, cada vínculo. Si por ese gran dragón fuera, lo dejaría todo… o tal vez no. Ahora que lo veo escrito, siento que como ese personaje, yo también crecí, al punto de no solo volverme un explorador fuerte en el mundo de las relaciones sino el dragón de varias personas.
Pero aún así, siento que tengo esa coraza, esa armadura pegada que no me puedo quitar, que hace que nada me ilusione, que nada me importe, que las relaciones sean un instante, un estado fugaz, la distancia que recorre un gemido, que desde hace tiempo, me reconozca como alguien que no podrá volver a amar, como una criatura que se alimenta de ilusiones ajenas y de futuros sin futuro. Temo no poder sacarme esta armadura nunca más, que me brindó protección invencible al dolor, pero que me despojó de la vulnerabilidad necesaria para sentir.
Tengo miedo de haberme vuelto demasiado imbatible para mi propio bien. Que ningún roce erice mi piel, que no me estremezca el aliento de ningún ser vivo, que no tema el abandono porque ya no conozco otro estado que el de la soledad blindada. Tengo miedo de no poder sacarme esta armadura nunca más, porque no es una coraza, porque no es otra cosa que la piel del terrible dragón al que tanto temía. Del monstruoso dragón en el que me convertí.