02 Midnight Ice Cream Man
Como muchos otros, tengo una enfermedad que me hace verme todo el tiempo en tercera persona, la mayor parte del tiempo como alguien ridículo, es una patada en las bolas. La sufro todo el tiempo y a veces la sufro gravemente.
V. V. me gusta mucho. Muchísimo. Es el tipo de mujer en el que puedo perderme durante años y salir completamente destruido y renovado. Si, esas mujeres que son una biblioteca de sensaciones, situaciones, conocimientos y gustos, cuyos libros están impregnados de cierto perfume a peligro, a veneno. Además es hermosa. Del tipo de belleza que me arrastraría a coger con ella por cada rincón de su también hermoso departamento, intentando no aplastar a un gato y la clase de belleza que me sensibiliza, que me prende el instinto de superheroe, de matar soledades. Pero cada vez que traigo el asunto de la atracción sobre la mesa, ella tira la mesa a la mierda, así que por ahora solo charlamos. Ni siquiera nos vemos. De todas formas, ayer hablaba de eso con V.
-A vos cada vez te gusta menos vivir - dijo, después de que le contara que en mi cada vez me gustan menos las mascotas.
- El otro día pensaba en eso - le confesé - cada vez que voy a comprar un cuarto de helado a la noche, es obvio que lo compro para mi. Ni siquiera lo como ahí. Un cuarto de helado cada tanto.
- Nadie que esté por tomar un helado puede pensar algo así. En que piensa la mina de la heladería. Es helado. Deberías hacer algo contra tu depresión.
- No estoy deprimido.
- ¡Nadie piensa en que opina la mina de la heladería!
- …
- Pero sería un buen titulo para una película.
- “Helado Nocturno”
- Midnight Ice Cream Man.
Por un momento olvidé lo que podría opinar la mina de la heladería y me puse a imaginar maneras de rodar por el suelo sin aplastar gatos imaginarios.












