Defensores del celuloide
Por Gonzalo Jiménez
El 7 de agosto de 2003 el diario The Washington Times publicó un reportaje interesante y valioso sobre la sección de imágenes en movimiento de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, archivo que alberga los negativos de películas consideradas clásicas –como Ciudadano Kane, King Kong o El padrino, por ejemplo– y que se estima deben ser conservadas para la posteridad. Su jefe es Patrick Loughney, cuyo trabajo es establecer cuáles de esta cintas antiguas requieren una restauración inmediata y cuáles pueden esperar unos años antes de someterse a las manos del restaurador.
El cine o celuloide –bien sea un largometraje hecho en Hollywood o la cinta casera guardada en un closet– está elaborada con una base plástica cubierta con una fina emulsión de partículas de plata y colores. Cualquiera de estos elementos pueden deteriorarse, lo que obliga a los archivistas a estar alertas en caso de que ocurra alguna degradación del material. El principal enemigo del archivo del Congreso estadounidense es el paso del tiempo, así como el exceso de fluctuación en los niveles de humedad o las altas temperaturas.
Loughney estima, según recoge el periodista Christian Toto en The Washington Times, que “más de la mitad de las películas hechas en Estados Unidos están perdidas o sobreviven en una forma bastante degradada”. Los casos más graves son las cintas de antes de los años 50, no sólo por su antigüedad sino porque entonces la película estaba confeccionada con nitrato de celulosa, una sustancia altamente inflamable que incluye ácido sulfúrico entre sus principales componentes; además, el material era susceptible a encogerse. Desde entonces se han desarrollado películas más seguras pero que, no obstante, han sido impotentes para evitar que los colores pierdan brillo y fuerza con el paso del tiempo. Otros se quejan del “síndrome avinagrado”, nombre que proviene del olor a vinagre que emiten las cintas en mal estado.
El arribo del DVD puede ser una buena noticia para que los grandes estudios de Hollywood o las cinematecas inviertan más dinero en el buen almacenaje de las películas, así como en la restauración de largometrajes antiguos. Existe el mercado potencial para que grandes clásicos del cine sean devueltos a su forma original, con los colores brillantes que un día tuvieron, para que sean relanzados en DVD y puedan ser contemplados como debe ser por los espectadores.
Lamentablemente, estas restauraciones son costosas. La versión restaurada del clásico de 1939, Mr. Smith Goes to Washington (conocida en español como Caballero sin espada), de Frank Capra, debió hacerse con acceso a cinco copias diferentes del film. El proyecto requirió tres años de trabajo y costó 100.000 dólares. Son costos prohibitivos que quizás sólo puedan hacerse cuando se trata de obras maestras del cine o de las que existe un público ávido por verlas otra vez, como puede ser el caso de El mago de Oz o Rashomon, por ejemplo.
(Publicada originalmente en agosto de 2003 en El Nacional).












