Vamos a empezar por el principio para poder entender qué está pasando con la manera en la que nos relacionamos en esta época. De seguro has escuchado el término “responsabilidad afectiva“, que es solo una manera bonita de reformular lo que antes era “tener tantita madre”. Después de aclarar que no es para nada un término nuevo, me gustaría señalar que POR SUPUESTO fueron las morras quienes lo pusieron sobre papel y comenzaron la propaganda del concepto. Fue por allá de la década de los 80 cuando empezaron a ver qué estaba pasando con las relaciones poliamorosas: tener más de una relación de forma paralela debía ser un poco más complicado que separar los días en la agenda. PARTE 1 El primer mito que vamos a tirar es que la responsabilidad afectiva se enfoca por completo en los demás. Falsote como las promesas de tu ex. La responsabilidad afectiva empieza dentro de una misma y termina ahí mismo. Te explico: sirve básicamente para ser conscientes de lo que quiero y lo que necesito, es para tener bien claro qué busco en las personas con las que me relaciono. Sea mi vecina, la neni que me vende natura por catálogo, o la persona con la que estoy dateando. Ser responsables afectivamente se traduce en que yo misma sea clara en necesito esto y por ende, voy a actuar de esta forma. Y una vez que tengamos listo el vision board, actuar en consecuencia. Pero, ojo, esta vez el pizarrón tiene que estar a la vista de la persona con la que me estoy relacionando, o sea, debo comunicarle de la manera más clara posible el resultado que pretendo obtener de esa interacción. Si soy la morra intensa que se quiere casar a la tercera cita, se dice Y NO PASA NADA. Si soy la morra que prefiere el rush de conocer a alguien nuevo cada mes y no comprometerse, se dice Y NO PASA NADA. El punto clave es la comunicación. Qué sorpresa, ¿no? Para tener máster en Responsabilidad Afectiva debemos preocuparnos más por qué digo y cómo lo digo, que en planear diez citas y tener actualizado en perfil en tinder. Más enfocaditas en qué estoy vendiendo, y menos energía en “Es que tengo 40 y no me he casado porque mi ex estaba loco”. PARTE II Una vez que tengo perfectamente planeada mi campaña de marketing, debo asegurarme de que está llegando al target que espero. De nada sirve tener el vision board con mil detalles si ahí puse un vestido de novia y tres morrillos, mientras sigo dateando con el wey cuarentón con cero compromisos al que se le mueren hasta los cactus. Amiga, increíble la terapia, el skin care, la rutina de yoga y el gym, pero de nada sirve si todas tus virtudes se las estás ofreciendo como tributo al Siguemorras3mil, al Fifas4ever, al Mimamávaavivirconmigosiempre. Si ya invertimos nuestro tiempo en analizar con lupa la relación que queremos en la vida, vamos a tener que ser pacientes y entender que es raro encontrar ese paquete justo a la vuelta de la esquina. Creo que la dificultad radica en que una cosa es tener en la cabeza las cualidades que espero de mi pareja y otra cosa es verlo en acción. La experiencia me dice que es súper lindo tener en tu vida a un hombre detallista y caballeroso, pero la inseguridad te pone a temblar cuando te das cuenta de que siemprrre es atento: no solo a ti te pregunta qué tal va tu día, también se lo pregunta a la cajera de starbucks y a la señora que vende sandwiches en su trabajo. Claro que son preguntas sin importancia en el mundo real, pero en nuestro contexto nos pone a dudar. ¿Podré poner mi mejor sonrisa falsa cada que otro ente femenino le sonría demasiado a mi novio? Bueno, mejor pedimos un ejemplar con menos detalles. Y se movió toda la fórmula. PARTE III La otra cara de la responsabilidad afectiva, la parte dos del plan, sí radica en mi interacción con los demás. Yo ya fui clara y puse sobre la mesa cada carta con la que estoy jugando: quiero una relación con tal nivel de certeza y de exclusividad, estoy dispuesta a dar tal cantidad de mi tiempo, mis negociables y no negociables son tales. Una vez que la contraparte está ente...














