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Estoy haciendo fila en el bus pues voy a organizar un club de lectura. En este momento, llueve un poco y disfruto de las gotas escuchando Cariño. Gracias al algoritmo de Youtube ayer las escuché. El señor contiguo a mí tiene un gran paraguas e intenta decirme que me puede tapar. No lo hace. Es esta sociedad solitaria pero mezclada, llena de cosas en la que surge este grupo pop.
Hace un tiempo, noto que hay canciones, poemas y en general, literatura que se enfoca en las cosas. La cultura pop está volviendo la vista hacia los objetos cotidianos. Por ejemplo, recuerdo haber leído un poema que trataba de audífonos y muchos con cuestiones de teléfonos en la Alt-Lit.
La acumulación de las cosas como elemento contemporáneo
Las cosas en la sociedad no aparecen de la nada. Todo obedece a necesidades, aunque no nos guste. Por ejemplo, las cosas negativas como el odio, guerras o competencia, se debe a necesidades sociales. Son producto de nuestras acciones. La acumulación de objetos es un bien cultural común. Se evidencia en productos pop, por ejemplo, las series de Acumuladores Compulsivos o la de Netflix Marie Kondo que nunca vi porque es muy aburrida.
Quizás acumulamos por el vacío, misma motivación que lleva a escribir a las chicas de Cariño. Tengo una caja llena de cosas viejas y me resisto a abandonarlas. Muchos de los textos que escribo se relacionan a objetos. Puede ser, entonces, que haya una poética a partir de los objetos. Esos, que guardan historias y los que tiramos cuando cortamos con nuestra pareja.
En una entrevista, una de las integrantes decía que escribía porque decir te quiero en poesía suena mal. Lo cierto es que en música también. Sin embargo, la forma en la que se aborda en Cariño es una forma innovadora. Toda esta ternura melancólica y la música feliz es la que alimenta el lugar común y lo replantea.
Otro rasgo interesante de la música de Cariño son sus listas. Hay listas de compras, de desechos y de objetos significativos. La vida en sí es una lista. Cuando recordamos a alguien, enlistamos sus características. La lista es el enlace de las cosas con nosotros
La poética de los objetos se debe a nuestro apego a las cosas
Dice por ejemplo “Canción de pop de amor” de Cariño:
Voy a escribirte una canción
Por cada vez que te he echado de menos
Voy a llenar tu disco duro
De canciones con te quieros
Voy a triunfar para sonar en la radio
Para que así me tengas que escuchar
Voy a escribirte en un mensaje
Que sin ti no sé flotar
Voy a enviarte todas las cartas
De las que nunca fui capaz
Repletas de cupones descuento
De mi amor sin caducidad
Las listas en Cariño tienen un tinte de catálogo de cosas en un apartamento. Algo que me recuerda, de nuevo una referencia contemporánea, a Tuca y Bertie, una serie de Netflix. En ella se narra las aventuras de dos amigas y, al inicio, ella se va del apartamento. Esa es la primera migración. Luego, en avanzados capítulos, se ve cuando Tuca acomoda su apartamento. Ahí es cuando nota su vacío.
Nos hemos vuelto humanos de espacios habitados por nuestros objetos. Luego de la limpieza, nos llega la melancolía. Limpiar es el problema de lo efímero. Por fortuna, la entropía siempre desordena todo.
La sencillez de las letras, de la música y de los sentimientos de las cantantes de Cariño hace de los lugares comunes, uno de lugares habitados. Cada canción es una bolsita Ziploc o un Tupper lleno de recuerdos rechazados. A partir de la escena propuesta por estas chicas, se puede repensar la música como la compañía necesaria, una que habita nuestros recuerdos en forma de objetos.