Con leve sorpresa en su rostro, la criatura no esperaba que aceptara su presente de tan buena gana. No eran más que unas simples pero bonitas flores de diversos tipos y especies distintas, que a la muchacha le sentaban como si estas fueran propias de su ser en sĂ, tal como la que se hallaba cubriendo su ojo derecho.
--No tienes que darlas. Te quedan muy bien. --añadiĂł a su comentario mientras sonreĂa, procediendo a examinar a la joven de arriba abajo corroborando asĂ lo mencionado anteriormente. Él mismo era un amante de la naturaleza y las flores en sĂ, gustando de cuidar jardines y todo lo referente al tema, por lo que no era la primera vez que hacĂa una corona de flores con sus propias manos, a pesar de no tener a quiĂ©n ofrecerlas.