He smelled like books and whiskey
I wrote this because that stupid little hair strand ruined my life at 2 am:
Era un poco raro verlo así: tranquilo y en paz. Sus ojos, en este momento cerrados, se volvían llamas inquisitivas en la corte, corrían a velocidades increíbles leyendo documentos legales, eran juguetones cuando bebía whisky mientras hablaba con tanta pasión de la carrera que escogió como profesión. Su boca, ¡Dios! De ella podían salir los cierres más sentimentales, los argumentos más poderosos, las palabras más tiernas fuera de la corte y esos besos: presentes, con intención y decisión. Sabía que quería y se notaba.
Benjamin Colón, uno de los mejores abogados defensores en Nueva York está ahí a mi lado y yo junto a él. En su departamento. ¿De verdad está pasando esto? No me pellizqué, solo tuve que pasar mi mano por un mechón de cabello que caía sobre su frente para saber que era real. No se inmutó. Es extraño verlo despeinado, pero en realidad es sexy. Se ve mucho mejor ahora que con esos trajes de 3 piezas que hacen voltear miradas mientras camina por los juzgados.
Todavía me falta sentir la realidad. Me pongo su camisa. Huele a él: a perfume, a limpio… a sus abrazos. Sí, definitivamente esto está ocurriendo.
Alcanzo a distinguir un camino de ropa que viene desde el pasillo y termina ¿o empieza? en la sala de estar. Mi cabeza recuerda; vine a hablar con él, a decirle que siempre fue el único que realmente me entendió desde empezó todo esto. Desde aquella noche en el bar cuando, entre abogados, solo él hizo la pregunta correcta. Cuando caminamos horas como si nos conociéramos de toda la vida y cuando comprendió quién soy: una mente rara que no necesita ser “guiada” o manipulada.
Sigue durmiendo, o al menos eso me dice un ronquido a lo lejos. Me siento en el sofá donde todo comenzó. Donde le confesé que él era lo único que necesitaba y ahí, con ese gesto contenido de siempre, con esa mandíbula apretada y esos ojos inquisidores, no dijo nada y sólo me besó. Ese beso tan esperado que fue como si siempre hubiera estado ahí.
No dijo nada, al menos no en ese momento. Su cuerpo habló por él; la forma en la que cerraba cada espacio entre nosotros, ponía sus manos sobre mi rostro y hasta cuando se separaba para recuperar el aliento. Todo era increíblemente familiar y nuevo a la vez. Intenso y genuino. Tierno y arrebatado.
Estaban las mariposas en el estómago, Jason Mraz cantando en mi cabeza (no me podía dar el lujo de pensar en ese momento) y las luces de Nueva York de testigo.
Ahora mismo mi estómago también siente algo, pero es hambre. ¿Qué tal si hago el desayuno? ¿Habrá lo necesario? Bueno, Benny siendo Benny tendría todo. De camino al refrigerador encuentro la última pieza del rompecabezas: un bra en el respaldo de una silla. Vaya lugar para terminar ahí. Estoy sonriendo como idiota, pero lo sé y me gusta.
Algo familiar me detiene: libros, un enorme librero lleno de ellos. ¡A este hombre le encanta leer! Hay de todo: obviamente teoría legal, literatura clásica, moderna, sci-fi, historia… ¿Twilight? Tiene que ser un regalo, espero, pero no voy a juzgar. Si lee, es bueno.
En la barra hay una libreta con una pluma Montblanc encima. A este hombre también le gusta el link, pero la verdad es que lo vale. No leas nada, Jules, no es de tu incumbencia. ESO es sagrado y no pienso meterme en líos con el hombre que esperé 3 reencarnaciones solo por curiosa.
En general hay orden, olor a libros, pulcritud y lo mejor, huele a él. Suficiente, ¿no?
Y claro, sí hay huevos y harina para hacer hot cakes, así que no pierdo nada intentando sorprenderlo. ¿Podré? ¿Estaré a la altura con unos simples huevos fritos? Sacudo la cabeza para no pensar y tal vez todo salga bien.
Mi cuerpo entra en movimiento. “Stars” de Simply Red sale de mi boca. ¿Por qué relaciono canciones con momentos? No lo sé, la culpa es de mi cabeza, no mía, pero qué buen momento para esta canción.
La sartén está caliente, la mantequilla derretida y la harina preparada. Sigo cantando, las canciones salen como soundtrack de chick flick noventera de esas que tanto me gustan. Bueno, es como si estuviera en una de ellas, ¿no?
Estoy a la mitad de la estrofa más difícil y rápida de “I’m yours” cuando siento una mano en la cintura. Eso no es romántico, ¡es una película de terror! No recuerdo que no estoy en casa y además, estoy acompañada. Así que lo poco que queda de la mezcla de harina sale volando y aterriza en el piso con mi dignidad.
Benny suelta una carcajada para nada esperada y solo me quedo ahí, escuchando un sonido desconocido, pero hermoso y no sé si reír, llorar, ambas o ninguna.
“No sabía que estabas aquí”, digo con una voz más chillona, alta y rápida de lo normal. “Me espantaste, olvidé que no estaba en casa”, murmuro con vergüenza mientras él recupera el aliento.
“Discúlpame”, me contesta, “honestamente, no creí que cantar se te diera tan bien y me quería unir al coro” dice, mientras se seca las lágrimas de risa.
Así que hago lo que mejor se me da; me escondo detrás del trapo de cocina intentando limpiar el desastre.
“Pero si llevas 3 canciones y no te espantaste. Pero si me lo preguntas, lo mejor fue Simply Red y ese falsete en el coro. Necesitas repetirla”, dice así como si nada mientras muerde una manzana. Entonces vuelvo a ver ese mechón en la frente provocándome. Dios, si no me sintiera tan apenada, estaría de nuevo encima de él.
La otra cosa que se me da mejor que esconderme es ponerme de mil colores como camaleón y por qué no, este es el momento perfecto para un rojo trágame tierra. Siento la cara ardiendo de vergüenza y suelto un “¿cuánto llevas aquí?” tan bajito que tiene que acercarse para escuchar qué pregunté.
“Lo suficiente” dice, mientras me abraza. “También me encanta Jason Mraz, ¿empezamos de nuevo?”, me dice al tiempo que me besa de nuevo y disipa todas las dudas. Todo es perfecto. Incluso la mezcla de harina en el piso y mientras, Nueva York sigue de testigo una mañana cualquiera.


















