Pensaba que la ecuanimidad era igual que la sobriedad, lo cierto es que no; es más parecido a un estado de calma y no fricción; lo relaciono con la capacidad de observar, sin luchar con lo que no puedes cambiar (pasado o futuro); y actuando diligentemente con respecto a lo que está en tus manos; hay estudios neuro científicos de cómo, el ser ecuánime ayuda a entrenar el cerebro, para que esté más preparado antes los desafíos y embates de la vida. Una de las imágenes que se usa para una mente que no es ecuánime es la del agua hirviendo; mientras la mente desea o rechaza hierve, pero cuando no está ni en una ni la otra, esta pacífica y clara: obviamente requiere entrenamiento como todas las cosas; y en mi experiencia creo que primero hay que fomentar “shamata” (la calma mental), para pasar a esta fase de observación y desidentificación de la experiencia y los fenómenos; nos han enseñado siempre a luchar contra lo que no nos gusta (incluso cuando no hay condiciones ni medios); a amar demasiado lo agradable e ignorar lo que no nos hace sentido; pero estas tres posturas son la antítesis de la ecuanimidad, y la inmensa fuente de todos nuestros dolores y aflicciones.