— Trinity Saskia Bernsten, veintitrés, estudiante de derecho, noruega, mejor amiga.
"¿Recuerdas cuando estábamos en primaria y te dije que estaríamos juntas por siempre? Han pasado diecinueve años y lo seguiré cumpliendo.”
Dulzura, apoyo incondicional y defensa. Es capaz de enseñar garras y dientes para proteger a quien aprecia, compañera de aventuras desde la más tierna de las infancias. La menor de cinco hermanos varones, sucesora de una herencia en profesión y el orgullo de su progenitor. Es todo lo que la primogénita de la fallida unión ha querido ser, tan auténtica y carismática. Se lleva miradas tras cada paso y sonrisa, movimiento de pestañas capaz de conseguir lo que anhela y sólo siendo el ‘por favor’ el necesario para hacer realidad las imposibilidades. Acobijó su amistad desde tierna edad, antes que el divorcio y el engaño aparecieran en la familia contraria, se transformó en el auxilio y la distracción necesaria. En la mano guía, en quien se encargaría más tarde de observar con ceño fruncido las prácticas atraídas por la estricta fuerza materna, erradicar las expulsiones y restricciones en un naciente trastorno.
Una cascada descendió por sus mejillas, fortaleza que se ve derribada ante la nueva anatomía de la fémina. Exigencias que la habían privado de alimento y el escaso que se escondía en su estómago caía. No sabía, nunca se percató de ello y era la disculpa lo único que sus labios eran capaces de entonar. Mano que toma la contraria, caricias que obligaron a las profundidades café ver la realidad a través de un espejo que mentía. Caderas marcadas en hueso, espina dorsal que relucía sobre su piel y facciones aún más angulosas que en un pasado. Y cayó, ambas lo hicieron, porque cuando una sufre la otra acompaña; y cuando la preocupación nace se acepta, se acobija entre los cansados brazos liberados de músculo y grasa. Y se recupera, es un trabajo constante, en el que ambas participan junto a un terapeuta conseguido por una alarmada madre; sí, por la verdadera dama de hierro que ahora es consciente del poder de sus palabras. Y sí, nuevamente, todo lo que Trini quiere lo consigue, y fue el despertar el pánico de Grete el anhelo de aquel momento.
"Si tú caes, Effy, yo caigo contigo y ahora estoy en el infierno. Tienes que sacarnos a ambas de allí, ¿vale?.”