Una carta de amor como otra cualquiera
¿Cómo vender algo invendible? ¿cómo hacer atractivo un producto que intrínsecamente no lo es?
La solución es sencilla: si quieres que un perro se trague una pastilla, has de envolver la pastilla en algo apetitoso (llámalo salami, llámalo magdalena). Los publicistas hemos de hacer lo mismo, hemos de envolver el producto en una historia sabrosa y jugosa que haga que comprar el producto sea deseable o, cuanto menos, "no doloroso". He aquí un ejemplo: mi carta de amor a un jarabe antitusivo como otro cualquiera.
Te debo la vida. Tú eres mi ángel protector, el único capaz de salvarme. Hace apenas unos meses ni nos conocíamos y ahora… ahora no puedo vivir sin ti. Mi vida ha cambiado mucho en apenas tres meses, tú bien lo sabes. La historia de mi vida… y empezaba así:
Era un invierno muy frío y duro. Yo llevaba muchos meses de vaivenes en la empresa en la que trabajaba. Al parecer a mi jefe no le gustaba que saliese por las noches con poca ropa ni que anduviera descalza por casa y siempre me advertía que debía llevar conmigo el paraguas en los días de lluvia…. Siempre andaba sermoneándome por estos temas y después de una fuerte discusión por culpa de un sudor ventilado dejé de trabajar en MisDefensas S.L.
Al principio creí que todo iba bien, pero poco a poco fui cayendo en un pozo sin fondo. Eso bien lo sabes tú, mi querido Bisolvón. Lo pudiste adivinar sólo con observar el estado físico y anímico en que me encontraste… Como decía, los días se volvieron más tristes, aburridos y solitarios y cada vez me encontraba peor al no poder disfrutar de todas las ventajas de trabajar en mi antigua empresa…. Fue entonces cuando empecé a tontear con la mala vida. Encontré amigos nuevos y mis días de paz y gloria se esfumaron para siempre…. Conocí a Tosé y Mucus en la cola del paro. Ellos ya se conocían de antes y, al parecer, andaban siempre juntos. Al principio nos veíamos de vez en cuando pero la frecuencia aumentó e incluso me obligaban a hacer cosas para vernos más a menudo: me recomendaban fumar (cuanto más, mejor) y amenazaban volverme la espalda si yo alguna vez utilizaba bufanda.
Yo sabía que aquello no era el buen camino y aun que lo pasábamos bien Tosé y Mucus empezaron a parecerme agresivos, empalagosos y pegadizos. Me sentía fatal e incluso mis antiguos amigos estaban notando las consecuencias nefastas de aquella relación: Cerebro no paraba de llamarme para quejarse y Hueso, tan callado y respetuoso siempre, tomó cartas en el asunto.
Llegados a este punto me decidí a actuar y acudí a una organización donde prometieron ayudarme. Se llama Farmacia. Y allí, recomendado por una señora experta en estos asuntos empecé una terapia curativa... Fue ahí donde te conocí, fue ahí donde mi vida cambió y fue ahí donde volví a ver el sol. Tú, con tus terapias de solución oral, me mostraste el camino y me ayudaste a combatir a mis falsos amigos, los alejaste de mí y me devolviste mi voz natural.
Tú me calmaste tanto por fuera como por dentro. Y no sólo porque fueses una buena influencia o un modelo a seguir, no. Además es que ¡¡estás buenísimo! es ese hidrobromuro de dextrometrofano que tú tienes lo que me vuelve loca… Me encanta deslizar mis manos por tu cuerpo, me encanta verte vestido con ese color rojo que tanto te favorece, adoro arrastrar mis labios por el dosificador que tú tocas y me gusta el sabor que dejas en mis labios.
He pensado miles de veces en hacer las paces con mi antiguo jefe y volver a trabajar a MisDefensas S.L, pero sé que eso implica que te alejarás de mí y es la única razón por la que no lo voy a hacer. Ni ahora ni nunca. Por ti, mi Bisolvón, doy la vida. Voy a andar descalza el resto de mis días para que no te vayas, voy a fumar y a gritar tanto como mis pulmones lo permitan, voy a bailar bajo la lluvia porque tú eres mi todo.
Sé que tú sientes lo mismo que yo y que yo soy tu vehículo para ser alguien: sin mí no existes. Es por ello que quiero soñar, quiero imaginar el futuro junto a ti, y quiero planear miles de cosas que podemos y que debemos hacer ahora que nos hemos encontrado. ¡¡Conviérteme en la señora de Compositum!!, llévame a Boehringer Ingelheim y seamos felices allí. Tenemos el universo a nuestros pies, querido.
Sueño una vida perfecta, y esa vida es junto a ti.