Este tiempo de cambios me viene ganando por goleada, tanto que escribo al paso y hasta en castellano, sin importar mucho ya.Â
Este tiempo de ruidos nuevos, ruidos vecinos, incomprendidos, tan lejanos y a la vez tan cercanos, tan desconocidos, pero tan familiares porque yo tambiĂ©n en algĂşn momento les di tiempo y lugar.Â
Este tiempo de nuevas expectativas, de más incertidumbres pero menos miedos.Â
Este tiempo de sorpresas, grandes y pequeñas, afortunadamente todas gratas, desde un regalo inesperado hasta el reencuentro menos pensado.Â
“Hace cuántos años que no hablamos?” me preguntĂł.Â
Pregunta que me llevĂł a repasar diez años y medio de historia, diez años y medio de vida: quiĂ©n fui, quiĂ©n era, quiĂ©n querĂa ser, quiĂ©n soy, quĂ© pasĂł, dĂłnde estoy, cuánto camino hice al andar...
Otra pregunta me hizo caer en la cuenta, una vez más, de ese sesgo entre la suposición y la realidad que me contuvo de hacer/decir/buscar, siemplemente por asumir una realidad que simplemente no era.
QuĂ© grata sorpresa descubrir que estaba equivocada, porque equivocarse puede ser divertido. No saber nos abre camino a descubrir todo lo bueno y todo lo nuevo que nos puede hacer bien.Â
A veces me pregunto incluso sin el acto mismo de preguntarme por qué las cosas suceden cuando suceden. Por qué no antes o después? Por supuesto que no hay una respuesta, o al menos yo no la tengo.
Estoy convencida de que las cosas suceden y suceden cuando suceden por algo. Y aunque es una pregunta recurrente que no puedo negar que tengo, no necesito la respuesta, porque estoy convencida de que todo va a estar bien.Â