Vi a un niño llorando mientras pedaleaba su triciclo. Estaba frustrado porque no podía avanzar tan rápido como quería, ya que se sentía cansado de tanto pedalear.
Y solo pude pensar que, a veces, así se siente la vida: no podemos detenernos, por más ganas de llorar que nos provoque el cansancio de querer ir siempre a "buen ritmo".














