Ruta de Endurecimiento Globero o Sobredosis de Vereas
A las 8 de la mañana, la UMG (Unida Móvil Globrera) también llamada Pepineta, recogía al multitudinario equipo globero que iba a la ruta de hoy. Víctor y Pepín.
En algo así como una hora llegamos a Laujar, y sin más dilación, nos pertrechamos para la ruta, calculando los avituallamientos de agua que íbamos a tener por el camino para llevar más o menos botes.
Comenzamos a pedalear con un sorprendente frio matutino que pelaba y que nos puso los pezoncillos de punta, pero eso duró poco, las primeras rampas duras estaban cerca y nos calentamos rápido. Siguiendo la pista que pasa por el restaurante La Fabriquilla, llegamos en poco más de una hora al refugio de Monterrey; las rampas hasta aquí son de las más duras del camino, y como 45 minutos más tarde ya estábamos en El Cerecillo.
Aquí nos llevamos la sorpresa de que la fuente no tenía agua. Tras recalcular científicamente el nuevo plan de ahorro de agua para la ruta “Hay que beber menos hasta que bajemos al rio” , seguimos camino.
Continuamos por la pista forestal que no lleva a las minas de La Gabiarra, donde nos esperaba nuestra primera verea del día. Al completar los 20 kilometros de ruta aproximadamente llegamos. Nos gusta mucho el sitio, meamos, comemos y antes de enfriarnos más continuamos hacia abajo
Las labores de aprovechamiento forestal en esta zona, dejaron el inicio de la vereda totalmente enterrado en las ramas del desbroce. Era apenas visible y tuvimos que echar mano del GPS que hasta entonces iba en la mochila escondido y apagado y de la agudeza e ingenio de Víctor, que olfateó la verea y la encontró sin problemas en su parte alta.
Más adelante esta salía de entre los pinos y discurría por un “prao” de matas de pinchos y zarzales, que te hacían tomar las curvas con unas tumbadas increíbles (incluso las rectas jijji) Al poco se volvía a meter entre los pinos y alternando tramos veloces y otros rotillos con lajas de piedra suelta y recurvas, en menos de lo que nos esperábamos llegamos al refugio de El Cerecillo.
Ni tan siquiera paramos, recorrimos unos 500 metros de pista hacia abajo en un instante y de nuevo salto a la cuneta que nos condujo por una vereilla rápida entre pinos y esta vez siempre por tierra y broza de pinos. Nada de piedras y curvas con apoyos facilones, alguna Z cerraílla pero bien. Esta vereilla se acababa rápido.
De nuevo en la pista, en un par de kilómetros de transición medio llana medio falsollana, a saber… De nuevo otro salto a la cuneta y esta vez si, una verea que nos bajaba al río, con unos escalonacos hechos con troncos de madera a esa distancia justa que hace incomoda la bajada de estos con la bici; es decir, justo a la distancia de las ruedas, de forma que cuando baja la delantera, también lo hace la trasera, y no eran precisamente bajitos. Unas zetas más, un recto de Víctor y llegada al riachuelo. Repostamos agua, comemos unos dátiles, barritas y plátano y seguimos
Ahora toca empujar la bici durante unos metros, ya que lo mismo que hemos bajado para llegar al rio ahora toca subirlo y es poco posible que alguien lo pueda subir montado (creo). Al poco la verea se deja ciclar y aunque al principio hay subibajas que la mayoría se hacen bien, pronto comienza la bajada. En uno de esos trancos, Pepín hace un extraño derrape previo a la bajada del predrolón, que asusta a Víctor ya que pensaba que iba al suelo. Al final, la cosa sale bien y no pasa nada. Al rato, esta verea “cambia de palo” y pasa de ir entre pinos a ir entre encinas. Esta es una parte verdaderamente bonita de la ruta y verdaderamente diferente a lo que estamos acostumbrados en los pedrolomundos almerienses ya que discurre sobre tierra y las curvas tienen la mayoría buenos apoyos para que cada uno corra lo que quiera. No tiene mayor complicación que un par de bajadas de unos cinco metros, una de ellas de escalones con maderos y la otra es la final antes de llegar al camino, pero que se hacen bien con un poco de prudencia.
En la pista ya, miramos el reloj y medimos las fuerzas, Víctor comenta que es tarde, yo quiero seguir subiendo desde este punto unos cinco kilómetros más hasta llegar al inicio de la última vereda. Convenzo a Víctor que ya daba muestras de prudencia mirando el reloj y seguimos camino a partir de aquí con una frase mía: “esta cuestecilla es la última”.
La pista vuelve a ser dura cuesta arriba que nos baja al mundo de los humanos sudorosos y cansados. Llegamos al rinconcillo famoso en el que está la cascada de agua en la que se hacen la foto todos los que pasan y… ¿cómo no? Nosotros también nos la hacemos. Seguimos un poco más tras pegar unos resbalones en la roca mojada y llenar los botes de agua rica y fresquita y le digo a Víctor “Este repecho es ya el último”.
Ya estábamos llegando al desvío para entrar en la bajada al río que precede a nuestra última senda: “El Aguadero”, una de las más famosas y valoradas por todos los bicicleteros almerienses, sobre todo endureros. A la salida de la pista, paramos hablamos y bajamos los sillines por preparar la bici para lo que viene. Le digo a Victor intentando poner cara neutral para que no se preocupe por lo que viene “bájalo más, bastante más, no te cortes con eso – es que luego me jode pedalear asi de bajo – nada, bájalo que hará falta”. Víctor después de tantos kilómetros y el cansancio acumulado, también intenta poner una cara neutral para que no se note el tocamiento de huevos que estaba sufriendo y respetando el estado de euforia y emoción que yo tenía previo a una de las bajadas por cera mas chulas que hay, me dedica una sonrisilla y baja el sillín…
A los pocos metros de empezar la verea, un giro a la derecha y una cuesta de tierra suelta con una muy fuerte pendiente y una curva cerrada al final. Un matojo previo a dicha curva, sirvió a Víctor de freno auxiliar improvisado. Ya ibamos cansados y en esta parte técnica no es una de las mejores maneras de entrar. Al llegar al riachuelo, y ver la cara del personal, Pepín dice de subir el repecho que toca andando tranquilamente para no estar sube y baja de la bici que era lo que tocaba. Subimos un primer repecho (“este es el último Victor”) que nos lleva a una visera o balcón natural desde el que se ve todo el valle y que es el sitio donde los endureros ya se preparan y se ponen las protecciones para empezar a bajar “a saco”.
Decidimos no descansar para no enfriarnos, ya que si lo hacemos no va a haber manera de volver a arrancar. En ese momento ya llevamos unos 37 kilometros con 1800m de desnivel acumulado. Todas las subidas por pista forestal y todas las bajadas por verea, de modo que eses descanso sentadito que uno se puede permitir bajando por pista forestal, en esta ocasión no ha existido y hace mella en nuestras piernas de forma irremediable más aún cuando llevamos ya unas cinco horas de bici. Pues una pequeña bajadilla y otro repecho “esta ya si que es la última Victor” (La verdad es que cada vez que hay un pequeño repecho ya no me atrevo a mirar hacia atrás por miedo a recibir una pedrada). Lo subimos andando para no quemar lo que no tenemos y de nuevo otra bajadilla con otro último repecho “Este ya si que de verdad es el último repecho Víctor” y ciertamente lo era.
El aguadero es una verea que va de menos a más, tanto en pendiente como en dificultad técnica. Tiene tres partes claramente diferenciadas, la primera, es una verea rápida con algunos repechillos iniciales que se pueden hacer bien en bici. La segunda; tras pasar el cortafuegos, es bastante más empinada y revirada, con zetas, lajas de piedra suelta, zanjas, zarzas, tierra suelta, etc… que se puede hacer muy rápido o disfrutarla despacito sin problemas. Aquí ya la 29 de Víctor no es lo más recomendable, pero se hace. La tercera parte, al llegar a una acequia, es un tramo que no llegará al kilómetro (700 metros) que es puro enduro para tipos con mucho control técnico de su bici y si es posible suspensiones largas que ayuden.
La bajada total de este tramo la hacemos en algo más de media hora, con pequeñas paradas para descansar las manos y los brazos y aunque cansados, arañados y doloridos, disfrutamos de la bajada por esos pedrolos, zetas, cuestas derrapantes, escalones, grietas del agua, etc…vamos, un paraíso para la bici.
La llegada al bar es un punto del que solo vamos a poner la foto final como colofón, pero que como ya es costumbre en este grupo… “una ruta sin cerveza, no es ruta ni es ná”
Distancia: 46.1 Km
Tiempo en movimiento: 5h 15 min,
Ganancia de altitud: 2150 metros
Texto de Pepín













