He visto a lo largo de mi vida, a muchas personas que se califican como sinceras, pero les falta agregar “rudas” a su lista de calificativos mientras hablan de sí mismas. Si bien, ser sincero te lleva a muchos problemas, sobre todo en el plano de las relaciones sociales, también lo va a hacer tener problemas de actitud.
Ser sincero y tener problemas de actitud, es una bomba andante. Mi naturaleza tranquila identifica a estas personas de forma rápida y trato de huir lo más pronto posible porque algo es seguro, explotan. Pero, al ser una sociedad que obliga a sus miembros a ser partícipe de todo el rito de la vida común, a veces es difícil correr en sentido contrario y contárselo a quien más confianza le tienes. Te atrapan y cuando recuerdas, estás en medio de una tormenta de la cuál sabes muy poco. Entonces, el problema es ¿sinceridad o actitud?
La palabra “sinceridad” tiene un sabor agridulce de por sí. Quieres saber la verdad, pero la verdad a veces duele. Quieres decir algo pero sabes que la otra persona no va a poder diferenciar entre una crítica constructiva y un ataque personal.
Hay algo que me funciona mucho para saber cuándo hablar y cuándo no: prudencia. Y para mí, se resume en una serie de preguntas que debo contestar rápidamente antes de emitir una sentencia:
1. ¿Esto es una verdad que se muestra con evidencia que puedo proporcionar inmediatamente?
2. Si muero hoy, ¿moriré tranquilo?
3. Si esta persona muere hoy, ¿viviré en tranquilidad?
4. Si esto saliera en televisión, ¿sería un buen ejemplo para los televidentes?
5. Si mi mamá lo viera, ¿se sentiría orgullosa?
Claro que pueden cambiar la parte de mi mamá por la persona a quien más admiren o a esa persona que más confianza tiene en ustedes para llegar a ser un hombre o mujer de bien, pero estas cinco preguntas a mí me alejan de los problemas. Sobre todo cuando se tienen altas expectativas sobre lo que estoy haciendo, que usualmente –para mi infortunio, son puestos de liderazgo.
Cuando maduras, te das cuenta de que la sinceridad puede ser usada como arma. No dices mentiras, expones a alguien y BUM, quemada instantánea. ¿Eso es lo que querría el niño o niña inocente de 4 años que quería ser veterinario/astronauta? Quemar a alguien no te lleva a ningún sitio, al contrario, supone dolor, resentimiento y cuando dañas a alguien, dañas tu propio ser. ¿Ese es el tipo de persona en que te querías convertir de pequeño?
Es por eso, que las personas sinceras tienen que aprender a ser prudentes. No es lo mismo decirle a tu mamá que se equivocó en su forma de educarte en una cena familiar, que invitarla a un café y hablar sobre el tema. El tono, tu postura, la mirada, todo importa cuando estás hablando de la verdad y a menos que quieras herirla, es preferible hacerlo en un ambiente no hostil para que encuentres lo que andas buscando: una disculpa, sensibilizar o acciones inmediatas.
Si aún después de tener todo esta información para reflexionar, sigues siendo “sincero” porque así eres y de lo contrario, te estarías traicionando, está bien. Eres un testarudo sin remedio, pero recuerda, la gente siempre te va a rodear, no importa lo que hagas, no importa a donde vayas, siempre vas a tener que hablar con alguien y los problemas te van a seguir ahí, a donde vas y no tiene nada que ver con ser pecho frío.