Que bonito es llegar a casa después de más de 12 horas de trabajo y pensar: Amo lo que hago y no cambiaría mi profesión por nada, a pesar del esfuerzo y lágrimas que me ha costado.
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Que bonito es llegar a casa después de más de 12 horas de trabajo y pensar: Amo lo que hago y no cambiaría mi profesión por nada, a pesar del esfuerzo y lágrimas que me ha costado.

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Él: ‘No te amo, pero eso no significa que no te quiera’
Yo: Esta bien, yo tampoco. No pasa nada, tranquila…
*Siento las lágrimas escurrir por mi cara.
Joder ¿por qué duele tanto?
¿Cuál es el reto más importante de esta cuarentena? Intentar sobrevivir a tu familia disfuncional y no recaer en la depresión ante el nivel de estrés emocional que se enfrenta durante la misma.
Siento como si yo hubiera escrito esa descripción en una autobiografía...
Los demás: Feliz día a mi papá. Un ejemplo a seguir. Cariñoso, atento, respetuoso y que me crío con tanto amor, que sólo tengo palabras de agradecimiento.
Yo: Si, lo mismo, pero al contrario. En mi caso fue lo peor que me pudo haber tocado :)

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Psicópata (Wigetta AU).
Narra Guillermo.
Estoy preocupado.
Hace horas que me encuentro en este mugroso cuarto de hotel esperando que Vegetta se digne a atravesar esa puerta. Me duele todo el cuerpo, por lo que es imposible que pueda movilizarme sin ningún tipo de ayuda. Necesito que sus fuertes brazos rodeen mi cintura con suavidad y de esa manera, poder utilizar su cuerpo a modo de bastón de apoyo.
No entiendo por qué razón salió huyendo como si lo estuvieran persiguiendo, como si no me quisiera cerca de él, o como si estuviera corriendo para evitar algún problema gigante en el que se hubiera metido. Sé que puede estar confundido y que seguramente no sabe cómo controlar los sentimientos que están aflorando desde el fondo de su corazón. Él debe estar acostumbrado a controlar todo y el no hacerlo, debe provocarle gran molestia.
Salgo de mis pensamientos cuando escucho el ruido proveniente de la puerta y dirijo mi mirada instantáneamente a ese lugar con emoción. Vegetta entra con una maleta y evita dirigirme la mirada. Miro confundido el equipaje entre sus manos y me paralizo cuando observo la falta de expresión en su rostro. Abre con rapidez el seguro y me lanza con fuerza una camisa, un pantalón, ropa interior y unos viejos zapatos.
-Cámbiate rápido, nos vamos- responde con sequedad.
-¿A dónde?-pregunto con confusión.
-Sólo hazlo.
Con extrañeza y lentitud a causa del dolor que todavía está latente en mi cuerpo, sigo sus indicaciones y aunque trato de que me hable al respecto, no consigo que suelte ninguna frase. Me mete en el coche con fuerza y arranca. Mi mirada se posa en la ventana y puedo reconocer las calles de mi ciudad de origen. Miro su rostro con sorpresa cuando bajamos en la estación de policía y tiemblo de terror, al no poder entender nada de lo que está ocurriendo.
Sus brazos me arrastran hacia la salida del vehículo y me ayudan a caminar, por los amplios pasillos. Escucho como lo saludan con respeto varios oficiales, pero no soy capaz de levantar mi mirada del suelo.
¿Qué diablos está pasando?
Las lágrimas empiezan a caer por mi rostro sin que pueda controlarlas. Me siento usado, inútil y desechable. No lo entiendo; no he hecho nada malo como para que quiera deshacerse de mí sin ninguna posibilidad de remendar mis errores. Haría cualquier cosa para que cambie de opinión y me deje estar a su lado para demostrarle todo mi amor y apoyo. Me aferro a su brazo hasta casi hacerle daño, pero la expresión de su cara no cambia en lo más mínimo.
-Aquí lo tienes Frank, lo he encontrado- menciona Vegetta acercándome con suavidad a un oficial que me mira con sorpresa y una leve sonrisa en su rostro.
-Guillermo, me alegra mucho que estés aquí- anuncia con una dulce sonrisa.
Yo simplemente sigo mirando a mi alrededor con miedo y unas ganas de desaparecer y morirme, me llenan por completo.
-Todavía está en shock- susurra mi antiguo captor con una sonrisa de lado- Será mejor que tomes otro momento para interrogarlo.
-¿Cómo lo encontraste?- escuché antes de ser dejado sentado, en un pequeño cuarto oscuro al frente de un escritorio y con un gran espejo en una de sus paredes.
Imagino que se trata de aquellos cuartos de interrogatorio propios de las películas policiales.
No sé cuánto tiempo pasa, pueden ser minutos, horas o semanas, ya he perdido la cuenta y el control de mi propio cuerpo. Mis pensamientos van a mil al no saber qué hacer en este momento. Es tan fácil huir, decir la verdad y poder ser completamente libre.
-Guillermo- dice el oficial llamado Frank, entrando al lugar con un porte de profesionalidad- Necesito que me cuentes todo lo que te ocurrió desde el momento en que fuiste capturado- explica sentándose en frente de mi y apoyando su rostro en su mentón a modo de reflexión.
-No recuerdo nada- respondo con naturalidad y una sonrisa, al saber que Vegetta se encuentra seguramente al otro lado del espejo.
Si quieres jugar, jugamos.
No te dejaré ganar tan fácil.
Mis papás me acaban de contar una historia: En la iglesia, un hombre se subió desesperado a pedir dinero. Agarro el micrófono e interrumpió el sermón por la desesperación. El padre lo regañó por irrespetuoso y lo hizo llorar. Ni siquiera le quiso dar la mano cuando el hombre se la dió. Que asco de ser humano y se supone que es el "ejemplo" para todos sus seguidores. Luego mi mamá se queja de que no vaya a ese lugar. Menos mal yo no estaba, o lo hubiera mandado a la mierda...
La separación (Wigetta Fanfic). Amor de Tumblr. Capítulo dieciséis.
Narra Guillermo.
Sólo era cuestión de tiempo para que mi vida regresara a la oscuridad habitual.
Fue simplemente que la soledad se apoderara de mi por completo, el estrés tocara la puerta de mi habitación y el vacío en mi pecho retornara en mi interior.
Bastó menos de una semana desde que él se apartara de mi lado, para que mi autoestima de mierda regresara a atormentarme.
Por mi mente pasaron miles de pensamientos negativos simultáneamente. Todos relacionados con lo poco que valía, el desastre constante que me rodeaba y cómo jamás merecería que nadie estuviera conmigo para “salvarme”.
Nadie puede salvarte, si el culpable de todo eres tú.
Tú eres la única persona que puede sacarte del gran abismo. Después de todo, si permites que alguien te acompañe en ese camino, puedes llegar a arrastrarlo a la oscuridad contigo y eso es algo que yo no soportaría.
Samuel era un ángel que llegó a mi vida para rescatarme, pero al parecer la misión era demasiado grande y sería yo, quién me encargara de hacerlo desaparecer para siempre.
Él estaba cansado de mis desplantes. Necesitaba a su lado a una persona que le recordara en cada instante que lo amaba, que lo necesitaba y que usara palabras dulces para dirigirse hacia él. Necesitaba que dejara de lado aquel comportamiento de mejor amigo y le demostrara que él, era el hombre de mi vida.
No sé si sea una excusa para tratar de protegerme, pero tenía mucho miedo…
Siempre he pensado que los demás tienen el poder de destruirte, si tú les das las herramientas para ello.
No quería abrirme por completo, por temor a parecer vulnerable y romperme en millones de pedazos.
Ya me habían hecho tanto daño en el pasado, que una vez más sería insoportable.
Sé que debería tener más confianza en él, creer que no sería capaz de lastimarme y que antes, preferiría hacerse daño a sí mismo. Sin embargo, si anteriormente la persona en la que más confiabas te mintió, no puedes esperar mucho más de los demás.
Sentía que no era capaz de expresar mis emociones; que era simplemente un ser que al crear una barrera impenetrable, había olvidado lo que era el contacto humano y una parte de si, le fastidiaba y molestaba el mismo.
No sé si tenía relación con el abuso sufrido cuando niño, pero cualquier abrazo, beso o proximidad me molestaba y hacía que quisiera salir huyendo.
Aunque admitía que con Vegetta, la sensación era completamente opuesta.
Fui yo quien le tomó la mano mientras caminábamos, no tenía temor en apoyar mi cabeza sobre su hombro mientras veíamos una película y disfrutaba que mi cuerpo, fuera rodeado por sus fuertes brazos.
Entonces las pregunta eran: ¿Por qué no era capaz de expresarle cuánto me importaba? ¿Por qué desde que regresó a su ciudad natal lo había apartado y no contestaba sus mensajes con regularidad?
El frío me calaba hasta los huesos y estaba mordiendo mis labios con fuerza, mientras intentaba ocultar las lágrimas que querían correr por mi rostro. Yo no lloraba jamás y no entiendo por qué sentía que el mundo se me estaba destruyendo. Seguramente porque él era mi mundo, mi vida y la única persona que me había hecho pensar que la vida sí que valía la pena.
Pero estaba cansado de luchar por algo que no era suficiente, por una relación condenada desde el inicio por la lejanía. Necesitaba tenerlo a mi lado, no a miles de kilómetros de distancia.
Quería besarlo cada vez que yo quisiera o necesitara, y no tener que esperar semanas para hacerlo.
Me moría por tenerlo en mi cama todas las noches.
Lo quería conmigo, no lejos de mi.
¿Acaso estaba siendo egoísta?
-¿Entonces te cansaste?- dijo seriamente al otro lado de la línea telefónica después de llamarme para solucionar el problema que agobiaba a nuestra relación desde que mi cuerpo abandonó el suyo.
-Sí, me cansé Vegetta- Era la única forma de separarlo de mí, de no condenarlo a una relación en la cual uno de nosotros no era capaz de dar todo de sí mismo.
- ¿Te arrepientes de esto?- cuestionó con dolor, dejando de lado todo su orgullo y causando una punzada en mi pecho.
-No, jamás lo haría- debía ser sincero, a pesar de que con mi respuesta lo único que hacía, era darle esperanzas.
-¿Te arrepientes de quererme?
-No…
-¿Qué está mal entonces?- preguntó desesperado. Podía sentir su frustración y estaba seguro de haber escuchado cómo intentaba ocultar un sollozo que escapó de sus labios, sin poder evitarlo.
-Estoy cansado de sentir que no te merezco- terminé con un tono de tristeza y sintiendo que mi garganta se contraía con fuerza.
Deje de escuchar su respiración, un silencio incómodo hizo su aparición y de nuevo me sentí completamente solo. No escuché su respuesta y luego de algunos segundos, me atreví a susurrar su nombre completamente aterrado.
-¿Vegetta?- mire el móvil curioso y me di cuenta del motivo por el cual no me había respondido una sola palabra.
Se había cortado y mi mundo, acabado.