Este alma que sabe las vanidades del corazón y sabe pérfidas sus tentaciones, y del mundo conoce la medida, y los planes de nuestra mente considera minucias, ¿por qué no puede soportar más que arrebatos terrenos? Tú no me miras ya, Señor... Y no busco sino olvido en la ceguedad de la carne.
Condena | Giuseppe Ungaretti

















